De Catar, con cinco ciudades anfitrionas y un recorrido máximo de 55 kilómetros, a Norteamérica, donde 16 urbes albergarán partidos y estarán separadas hasta por 4 mil 500 kilómetros, la Copa Mundial exhibe dos modelos opuestos con tan solo cuatro años de diferencia, que dejan a este último torneo como el segundo con más sedes de la historia.
La dispersión geográfica será un reto tanto para las 48 selecciones como para sus aficionados, que podrían asumir extensos traslados aéreos y cambios de hasta tres husos horarios.
Esa distancia extrema se palpará en largos trayectos como el que separa a Vancouver, en la costa pacífica canadiense, de Miami, en el extremo sureste estadounidense. Viajes de más de cinco horas de vuelo que redefinirán por completo las rutinas entre partidos y fases.

Otros torneos
Esta expansión a 16 localidades sitúa a la edición actual de forma solitaria en el segundo escalón del podio histórico de amplitud territorial, superando por primera vez la marca que ostentaba la Copa Mundial de España 1982, que tuvo 14 ciudades.
El trono absoluto de los despliegues geográficos sigue siendo para Corea-Japón 2002, ya que el mapa de competencia se fragmentó en un récord de 20 ciudades sede, repartidas equitativamente con 10 localidades en cada país.
Los recorridos
El mapa del desgaste afectará con especial rigurosidad a planteles como el de Bosnia y Herzegovina, Argelia o República Checa. Estas delegaciones se verán obligadas a superar la exigente barrera de los 4 mil 500 kilómetros de trayecto aéreo únicamente para cumplir con sus compromisos de la fase de grupos.
En el extremo opuesto, la campeona vigente, Argentina, disfrutará de una de las rutas más cortas de todo el campeonato con apenas 750 kilómetros de viaje, lo que incidirá directamente en el descanso.












Deja un comentario