Puntada a puntada, tres días por semana, Rebeca Roquel, una tejedora de San Lucas Tolimán, Sololá, hilvana figuras de colores que llevarán impreso el sello de sus manos en uno de los güipiles encargado desde hace semanas.
“Me gusta tejer y bordar; es una herencia de mi madre, que a su vez aprendió de mi abuela; es una cultura de enseñanza de generación en generación, que además nos ayuda a mantener el sustento de la casa”, contó Roquel, mientras confeccionaba una vestimenta en su telar de cintura.
El trabajo para elaborar un güipil con hilos de colores tarda aproximadamente unos 10 días y puede rondar los Q700, aunque en la reventa podría llegar a valer Q1 mil o más. Mientras que los bordados solo requieren de tres a cuatro días.
Roquel es una de tantas mujeres involucradas en este oficio. En San Lucas Tolimán existe la Asociación de Tejedoras Luqueñas Ajkema Loya, que tiene el respaldo del Movimiento Nacional.















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