Cada año, entre mayo y agosto, a Guatemala ingresa el polvo del Sahara, fenómeno natural que consiste en una masa de partículas finas de arena provenientes del desierto del Sahara, en África, transportadas por los vientos alisios a lo largo de más de 7 mil kilómetros.
Según el boletín informativo del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), las actuales concentraciones sobre el territorio nacional se encuentran en un rango bajo, entre 1 y 10 microgramos por metro cúbico.
De acuerdo con el Insivumeh, “los valores están muy por debajo de los umbrales que representan riesgo para la salud”. La institución recuerda que se trata de un evento recurrente y natural, que no constituye emergencia.
El polvo del Sahara es una de las mayores aportaciones naturales de partículas a la atmósfera y cumple funciones ecológicas importantes, ya que transporta minerales esenciales como fósforo, nitrógeno y calcio, que actúan como fertilizante natural para los suelos tropicales y favorece el crecimiento de la vegetación y los cultivos agrícolas.

Para la mayoría de la población, los efectos son leves y pasajeros e implican irritación ocular, resequedad en la garganta, tos ocasional yestornudos. Sin embargo, se recomienda precaución especial a grupos vulnerables (personas con asma, enfermedades pulmonaresobstructivas crónicas, alergias respiratorias, adultos mayores, niños pequeños y mujeres embarazadas).











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