Sobre la loma de una montaña colombiana, entre palmeras, establos y potreros verdes, las puertas de la casa donde creció Juan Luis Londoño se abrieron para mostrar una faceta poco habitual del fenómeno global conocido como Maluma: la del niño que soñaba con cantar mientras recorría descalzo una finca familiar en las afueras de Medellín.











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