El eco de los pasos sobre la alfombra de una academia de actuación en Guatemala no es solo ruido ambiente; es el sonido de la formación. Allí, entre espejos que han visto nacer a cientos de personajes se encuentra el actor de teatro musical y cine Erick Frías. Observa, corrige y guía, no solo habita el escenario; lo analiza, produce y, sobre todo, lo respeta. Entrevistarlo en el estudio es entender que el arte, más que un chispazo de inspiración, es una disciplina de alto rendimiento donde cuerpo y mente se sincronizan.
El teatro musical ha sido testigo de su evolución. Mexicano de nacimiento, pero guatemalteco por elección desde 2007, ya su nombre es un referente en las carteleras de teatro.
Él llama a escena
La historia del intérprete comenzó hace cuatro décadas en Televisa, México. Cumplía un turno de 16:00 a 20:00 horas. Sus padres fueron claros al decirle que el arte era un camino, pero el estudio era el cimiento.
Esa estructura mental lo llevó a la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde a los 18 años participó en la opereta Chin Chun Chan.
Su filmografía en televisión incluye títulos destacados entre ellos La pasión de Isabela, donde compartió créditos con Lupita D’Alessio.


En el ámbito teatral formó parte del musical Vaselina, bajo la producción de Julissa, en la cual compartió escena conlos cantantes Thalía y Benny Ibarra.
Hace 19 años, lo que se inició como una visita familiar para conocer a su sobrino recién nacido, significó un cambio de paradigma personal y profesional. Guatemala, con su “pausa” necesaria frente a un momento de estancamiento en México, lo recibió con una velocidad vertiginosa. Lo que debían ser tres meses desembocó en casi dos décadas de “echar punta”.
Trayectoria
Ha explorado la densidad de Shakespeare al interpretar a Macbeth y Ricardo III , también ha brillado en la precisión de la comedia fina en La Suite del Plaza y en la energía de grandes musicales como Mamma Mia!
Aguarda con entusiasmo el estreno de Jhony Boy, una producción guatemalteca de Paradox Studio GT, dirigida por Luis López. En este largometraje, la figura escénica asume un protagónico que describió como reto meticuloso de tres años de
trabajo.
Maestro y gestor
Como docente el histrión se enfrenta al reto de desmitificar la inmediatez de las redes sociales. A sus estudiantes les enseña que un influencer debe provocar cambios y que el talento requiere proceso, investigación y salud financiera. “Un artista necesita tener resueltas sus necesidades básicas para poder concentrarse en crear”. Con proyectos en puerta como Corona de amor y muerte (donde interpretará a un rey este mayo en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias) y próximas temporadas de Anita la huerfanita y Rock of Ages, en el IGA, Frías demuestra que el paso del tiempo es solo una evolución natural. En sus propias palabras, esta carrera es de “resistir, insistir e insistir”, y él lo hace con la misma pasión que aquel niño que cruzaba las puertas del Centro de Educación Artística, de Televisa, hace 41 años.











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