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Revista Viernes

Descubra el Palacio Nacional de la Cultura: la joya arquitectónica de los guatemaltecos

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El Palacio Nacional de la Cultura, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Guatemala, es un tesoro arquitectónico que resguarda décadas de historia y arte del país. Este majestuoso edificio no solo impresiona por su diseño ecléctico, sino que también alberga una vasta colección de piezas arqueológicas, murales y obras de destacados artistas guatemaltecos.

Recorridos guiados

Con el propósito de recuperar los espacios públicos y ponerlos a disposición de la ciudadanía, la administración del presidente Bernardo Arévalo ha abierto de lleno las puertas de este icónico recinto, que un día fue el principal centro del poder del país. Los recorridos guiados por el Palacio ofrecen una oportunidad única para apreciar la historia en cada uno de sus espacios. No es necesario hacer una reserva previa, simplemente debe acérquese a la entrada principal unos minutos antes del inicio de cada tour. Los horarios son de lunes a viernes, a las 9:30, 10:00, 11:00, 12:00, 14:00, 15:00 y 16:00 horas; cada uno dura aproximadamente 45 minutos.

Estudisantes del Instituto Nacional de Eduación Básica por Cooperativa de Santiago Sacatepéquez fueron sorprendidos por el presidente Bernardo Arévalo al saludarlos durante una visita al Palacio Nacional de la Cultura.

Mari Contreras, encargada de guías, destaca que los jueves y viernes son los días de mayor afluencia, especialmente por la visita de alumnos de diversos establecimientos educativos del país. El Palacio puede recibir hasta

1 mil personas por día y cuenta con nueve guías bilingües para atender tanto a visitantes nacionales como a turistas extranjeros. El recorrido es gratuito para guatemaltecos al presentar su DPI, y tiene un costo de 40 quetzales para ciudadanos de otras nacionalidades.

Un viaje didáctico

Los colegios o escuelas tienen la oportunidad de enriquecer sus programas académicos con recorridos especiales. Estas visitas guiadas permiten a los escolares explorar salas temáticas, aprender sobre la historia política y cultural de Guatemala, apreciar las obras de arte y, si corren con suerte, tener un encuentro con el presidente Arévalo y otros funcionarios de Gobierno mientras caminan por los pasillos. Para planificar una visita educativa, se puede enviar la solicitud al correo museopalacionacional
@mcd.gob.gt o llamar al 2237-1100.

El legado de Ubico

Inaugurado en noviembre de 1943, bajo la presidencia de Jorge Ubico Castañeda, el Palacio Nacional de la Cultura es un testimonio vivo del ayer y del hoy de Guatemala. La fachada principal del edificio, ubicada frente al parque central, exhibe detalles arquitectónicos impresionantes que reflejan la grandeza histórica del país. Entre los lugares favoritos de los visitantes se encuentra el Salón Banderas, conocido por su ornamentación y por albergar el kilómetro cero del país. Ahí también se ubican majestuosos vitrales y la lámpara en cascada, cuyo peso se calcula en 2.5 toneladas.

El Palacio cuenta con varias joyas artísticas, incluyendo el famoso mural del Enfrentamiento de Culturas. Esta obra ha capturado la atención de muchos visitantes ilustres, entre ellos, la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, durante su estancia en 2021.

Danilo Ramírez Fotógrafo: Norvin Mendoza
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Su pasión por la ópera dejó huella en el país

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Aída Doninelli nació en Guatemala el 4 de noviembre de 1899, y sus padres fueron Antonio Doninelli y Ángela Pozzi.

Una soprano que debutó como solista en noviembre de 1918, en la base militar de la Zona del Canal de Panamá, ante soldados que habían regresado de Europa. Posteriormente, viajó a Estados Unidos, en donde actuó en la Ópera de Chicago. Trabajó para el Metropolitan Opera House, uno de los teatros de más renombre; esto sucedió en Nueva York, en 1928. Su director era el maestro Rullio Serafín.

En su carrera artística participó en óperas como La Boheme, La Traviata, Rigoletto, Madame Butterfly, Turandot y Carmen, entre otras. Formó parte de las compañías Rosa Ponselle, Lilly Pons y Beniamino Gigli.

Fue una docente en las aulas del Conservatorio Nacional de Música, y una de sus salas lleva su nombre desde 1964.

También, participó como Agregada Cultural de Guatemala en México. Asimismo, fungió como madrina del barítono Luis Felipe Girón May.

Falleció en México, en 1996.


•Con información del Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala.

Katheryn Ibarra
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“No hay imposibles”: Alejandra Ramírez

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Fotos: Norvin Mendoza y cortesía de PhotoSportGT

Para Alejandra Ramírez, el mundo de la gimnasia y el porrismo ha sido su vida desde los 8 años. La experiencia y logros que acumuló quiso compartirlos con niñas que tuvieran esos mismos sueños o deseos de su infancia y por eso ahora entrena gimnastas con Síndrome de Down.

En 2013, junto a Gabriela Martínez fundaron el Gimnasio Smart Jump, pues notaron que esta disciplina no contaba con espacios adecuados para desarrollarse. La experiencia de ambas permitió que las menores con deseos de aprender y disfrutar de sus clases llegaran al gimnasio y los logros deportivos comenzaron a colocarse en las vitrinas del local, en las especialidades y niveles que imparten.

La milla extra

Pero la inquietud de sobresalir y dar la milla extra las impulsó a participar en el curso para entrenadores a Olimpiadas Especiales, donde conocieron el programa y se enamoraron de él.

El gusto por esta disciplina propició la propuesta a Yaeko Cifuentes, directora de Olimpiadas Especiales Guatemala, de convertirse en patrocinadores de la Gimnasia Rítmica en 2015.

Formando atletas de alto nivel

En la actualidad, este proyecto tiene 13 atletas que entrenan todos los miércoles, y se les enseñan los pasos que formarán la rutina final. “Entrenar atletas con discapacidad es tan normal como entrenarlos sin discapacidad; se les exige igual, para ellas no hay imposibles; tal vez, la única diferencia es que están más dispuestas y comprometidas. Me encanta entrenar con ellas: me enseñan muchísimo. Son 13 gimnastas que actualmente forman parte de este programa”, indica Martínez. 

Las jóvenes de Smart Jump se han destacado en el ámbito internacional, clasificando a Juegos Latinoamericanos y Juegos Mundiales, entre otros.

En los Juegos Mundiales que se disputaron en Berlín, Alemania, el año pasado, la gimnasia rítmica obtuvo seis medallas: Diana Mendizábal, cuatro (dos de oro, una de plata y una de bronce), y Alejandra Solórzano, dos de plata. Este año, se clasificaron cuatro para los Juegos Latinoamericanos: Diana Mendizábal, Alejandra Solórzano, Sayra Barrios y Luz Lemus. 

Norvin Mendoza
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Asturias y el dictador

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Fotos: Archivo

Al hacer un repaso por la vida y obra del premio Nobel de Literatura 1967, Miguel Ángel Asturias, solo puede concluirse en que todo lo que vivió en la “tierra de Ilom”, desde su niñez hasta consagrarse como uno de los más grandes escritores de Latinoamérica y el mundo, no fue producto de la
casualidad.

Podría pensarse que crecer en medio de una dictadura feroz y despiadada como la de Manuel Estrada Cabrera (22 años en el poder, 1898-1920), limitaría su contacto con las letras o la posibilidad de expresarse, pero al contrario, la figura del presidente de turno resultó ser una inspiración para el joven Asturias. No fue en forma de musa, como ocurre para muchos literatos, sino como una figura política de la que había mucho que decir, a pesar de la policía, los militares, los “orejas” y la represión de entonces.

Estrada Cabrera estuvo presente en la vida del Nobel desde la infancia, lo que lo llevó a conocer una realidad que parecía inexistente más allá de la “Tacita de Plata”. Y es que de todos es conocido que el niño Asturias tuvo que mudarse a Salamá, Baja Verapaz, a la casa de sus abuelos, ya que su padre, Ernesto Asturias, abogado, y la madre, María Rosales, maestra, habían sido separados de sus cargos por considerárseles opositores al régimen dictatorial.

Por ahí de 1905, estudió sus primeras letras y hay quienes aseguran que además comenzó su contacto con la población indígena salamateca, pero además se adentró en la tradición oral a través de su niñera, Lola Reyes, quien se encargó de relatarle historias, mitos y leyendas de sus antepasados.

Durante siete años exploró, por un lado, la miseria que se vivía en la provincia guatemalteca, así como la riqueza cultural, tradicional y espiritual que lo rodeaba, insumos suficientes para comenzar a pensar distinto, pero también para desarrollar esa incesante inquietud por la política y la creación literaria, lo que más adelante se convirtió en lo que hoy conocemos como realismo mágico.

El joven está de vuelta

En 1907, Miguel Ángel regresó a la casa de su abuela materna en la capital, y un año después se suman sus padres, quienes se establecieron en el barrio de La Parroquia Vieja. Durante su adolescencia estudió en un par de colegios católicos. En 1912, inició su bachillerato en el prestigioso Instituto Nacional Central para Varones, cuna estudiantil de muchas celebridades guatemaltecas y foráneas. Ahí fue testigo y partícipe de los primeros levantamientos contra la dictadura de Estrada Cabrera.

Matasanos y güisachín

El joven Miguel Ángel comenzó sus estudios superiores, cursó un año medicina y luego, en 1917, pasó a formar parte de la facultad de Derecho en la entonces Universidad Estrada Cabrera (como se conocía a la actual Universidad de San Carlos de Guatemala), mismo año del devastador terremoto que convirtió la capital guatemalteca en escombros.

La falta de respuesta o indiferencia de Estrada Cabrera detonó, en 1919, a los movimientos populares que involucraron a artesanos, obreros, campesinos, maestros, estudiantes, intelectuales y jóvenes militares en contra del régimen. La historia da fe de que tras cuatro meses de alzadas, campañas cívicas y ocho días de lucha militar (La Semana Trágica), el miércoles 14 de abril de 1920, el Bárbaro de la Palma fue derrocado, poniéndose fin a 22 años de dictadura, la más prolongada de la historia de este país. Asturias y los activos compañeros de aula formaron lo que hoy en día se conoce como “La Generación del 20”, por su participación en dichas jornadas.

En 1921, quien ya era conocido como Moyas, participó en la fundación de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), por lo que viajó a México como delegado al Primer Congreso Internacional de Estudiantes. Ese mismo año, junto a un grupo de universitarios, entre ellos Alfredo Valle Calvo, José Luis Barcárcel y David Vela, integró la comisión que dio vida al canto de guerra de todo sancarlista hasta el sol de hoy: La Chalana.

El repaso por la niñez y juventud del Nobel de Literatura permite afirmar que la figura del dictador Manuel Estrada Cabrera siempre estuvo presente, de manera paralela, en su proceso creativo, al punto que encarna al personaje principal de una de sus obras cumbre, El señor Presidente.

“…¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!” (Inicio de la novela El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura 1967).

Mario Ramos
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