La Danza de la Conquista se originó a mediados del siglo XVI. Relata el enfrentamiento entre españoles y Kikab, rey de los quichés, así como los acontecimientos posteriores a la llegada de las tropas españolas. del 3 al 6 de enero en San Gaspar Ixchil, Huehuetenango, se realiza este baile como parte de las festividades de principios de año, según indica el Directorio de Fiestas del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat).
Dicha danza, representada tradicionalmente en México, Guatemala y El Salvador, se originó a mediados del siglo XVI. En la conferencia Danza de la conquista en Guatemala: Origen y actualidad impartida en 2018 por el antropólogo Carlos García, este baile surgió aproximadamente 30 años después de la conquista española en Guatemala (1524). También conocida como Los Vaqueros, La Invasión Extranjera o La Fiesta del Volcán, se atribuye a los frailes haber enseñado esta danza de moros y cristianos, basada en la Reconquista de España (1492), cuando los árabes fueron desalojados de Granada.
Según datos históricos, la primera representación de este tipo ocurrió en Ciudad Vieja, Sacatepéquez, donde los trajes aún incluyen corazas metálicas. Sin embargo, departamentos como Baja Verapaz, Totonicapán, Huehuetenango, San Marcos, Sololá, Escuintla y Chiquimula también recrean las escenas. “Estos bailes suelen alternarse con otras danzas rituales como la del venado, el torito y los mexicanos, especialmente durante las festividades patronales de las comunidades indígenas”, señala Demetrio Brisset en Supervivencias actuales del Baile de la Conquista en Guatemala. Se compone de un texto escrito que a su vez se constituye en monólogos, juego de vestuarios, máscaras y baile.




Música y representación
En la expresión artística participan alrededor de una veintena de bailarines, quienes se colocan una máscara. Seis representan a los españoles, siendo Pedro de Alvarado, Francisco Carrillo, Pedro Portocarrero, Quirijol y un bufón; otros seis son moros que identifican a Tecún Umán, caciques, Ajitz (un sabio maya), Lacandón, un sirviente y un mexicano. En cuanto a la familia real se encarna al rey quiché, dos príncipes y dos niñas hijas del rey moro conocidas también como malinches. “La historia es la misma donde vencen los españoles a los moros, y son cristianizados”, añade García.
Los españoles emplean un traje de terciopelo rojo, al cual le colocan lentejuelas, flequillos y plumas; en sus manos algunos portán espadas y chichines. Mientras que los que representan a los mayas utilizan una máscara morena, sus atuendos llevan imitaciones de piedras preciosas. Cabe resaltar que en cada departamento los trajes sufren pequeñas
variaciones.
La música se caracteriza por un acompañamiento monótono con tambor y chirimía. Durante la entrada de los españoles, no se toca un son tradicional, sino una marcha española.
En escena, el palacio de Tekum cobra vida. El rey K’iche’ tiene sueños premonitorios y expresa: “¡Oh! Mis dioses cuánto siento que se me niegue ya el consuelo, trabajos me anuncia el cielo. ¡Oh! Qué amargo tormento…”.
A partir de este momento, comienza la batalla. Los personajes forman un cuadrilátero, ejecutando pasos de contradanza mientras el narrador relata la muerte de Tecún Umán: “El corazón me partí en dos sangrientas promociones. Estas funestas visiones que el sueño me aparató. No encuentro en qué pensar y así quisiera saber qué podrá ser esto; pues si he de morir riñendo, vamos luego cometiendo hasta morir o vencer”, transcripción literal del original de la danza.
El entierro de Tecún Umán simboliza el triunfo de los conquistadores. “Son 23 escenas en total; la fundamental es el combate cuerpo a cuerpo entre Tecún y Alvarado, quien lo mata con la lanza que le da Portocarrero. Tras la batalla, los quichés se convierten al cristianismo. En algunas versiones, la obra termina aquí; en otras, se escenifican negociaciones y reconciliaciones posteriores”, añade Brisset. La danza tiene una duración desde dos horas y media hasta las ocho, esto según el lugar donde se escenifican. “Es una danza desde el siglo XVII. El ritual religioso, lo místico es lo que las ha mantenido vivas a estas historias”, concluye García.











Deja un comentario