Ana Silvia Monzón
Profesora/Investigadora
[email protected]
Recién pasaron las fiestas de fin de año y de bienvenida al 2026, con sus rituales creados para hacer pausa y renovar energías personales, familiares, comunitarias y sociales. Nos deja un año con sus complejidades, un contexto geopolítico marcado por políticas migratorias más restrictivas que están teniendo impacto en la vida de miles de migrantes que temen ser deportados en las peores condiciones, relaciones internacionales tensas, guerras en curso, prácticas comerciales que riñen con el derecho internacional, amenazas de invasión en la región latinoamericana. Y a nivel nacional, un juego político que limita la gobernabilidad, cifras macroeconómicas estables, pero economías familiares afectadas en la cotidianidad, violencia contra niñas y mujeres con consecuencias para sus proyectos de vida; violencia institucional y política, inaceptable en una democracia republicana, que mantiene presos políticos como las autoridades indígenas, y a personas en el exilio.
La vida social no es solo racional: las emociones son fuerzas motrices y organizadoras de la sociedad.
En medio de ese panorama sombrío, de desigualdad normalizada y pérdida de derechos, es una época en la que afloran las emociones, la nostalgia por quienes ya no están o están lejos; las añoranzas por los tiempos idos y por los que vendrán.
Se hacen balances, se cierran y se abren nuevos ciclos. En este devenir hay personas y colectivos que mantienen el sueño por un cambio social, renuevan el compromiso de resistir, articular y accionar. Esto es lo que estudia la sociología de las emociones y sensibilidades, revelando que la vida social no es solo racional; las emociones son fuerzas motrices y organizadoras de la sociedad. Que las capacidades de sentir también son construidas, experimentadas y reguladas culturalmente, marcadas por quiénes somos, de dónde venimos y cómo vivimos. Que las emociones se expresan en las interacciones cotidianas, las identidades y los esquemas de poder. Desde esa perspectiva las sociedades no son solo estructuras, normas e instituciones. Las emociones colectivas impulsan o inhiben la acción social y política. Este inicio de año es propicio para convocar la indignación ante las injusticias y a la esperanza, obstinada y perseverante.











Deja un comentario