Hasta finales de 2023, la posición de la Casa Blanca frente a Guatemala era distante, fría, producto de la imagen proyectada por un Estado cooptado por las mafias y la corrupción. De hecho, el rechazo del Gobierno de Estados Unidos se tradujo en la reducción de apoyos técnicos, políticos y económicos, siendo el recorte de la asistencia financiera al Ministerio Público (MP) el peor de los castigos aplicados por la entonces administración del Partido Demócrata norteamericano.
De esa cuenta, al presidente Bernardo Arévalo, a la vicemandataria Karin Herrera y al Gabinete, cuyos cargos asumieron el 14 de enero de 2024, les tocó empezar de cero; de la nada, ante la desconfianza de Estados Unidos, cuyo control tomó el Partido Republicano en 2025, y de la comunidad internacional que, paulatinamente, pasaron del recelo a la confianza hacia un Gobierno democrático y decente que defiende e impulsa el rescate de la institucionalidad y el desarrollo inclusivo. Los primeros cambios diplomáticos llegaron, incluso, antes de la asunción de Arévalo-Herrera, cuando el mundo cerró filas contra un pretendido golpe de Estado organizado y dirigido por un sistema de justicia que agoniza, pero patalea e intenta frenar y bloquear los planes del Organismo Ejecutivo, aunque ello conlleve castigar a los connacionales necesitados de programas en materia de salud, educación, seguridad e infraestructura productiva.
Ya en el poder, la nueva administración recibió un contundente mensaje de apoyo del presidente Donald Trump, cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, llegó al país el 3 de febrero pasado. La visita, tan esperanzadora para los guatemaltecos,
como desalentadora para las mafias que disponen del sistema de justicia, marcó, como bien describe el canciller Carlos Ramiro Martínez, un antes y un después en las relaciones bilaterales de Guatemala y EE. UU. Posterior a la llegada de Rubio se ha desencadenado una alianza estratégica en temas fundamentales: lucha contra la corrupción, fortalecimiento del Estado de derecho, seguridad ciudadana y fronteriza, combate al narcotráfico, el tema migratorio y nuevas oportunidades económicas y de inversión, a las que se suma una inusual, pero explícita cooperación en infraestructura (portuaria y ferroviaria), que será la piedra angular del despegue económico y de un futuro más halagador para los cuatro pueblos que conviven en el país.











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