Inicio REVISTA VIERNES 100 años de sátira y denuncia del teatro huelguero
REVISTA VIERNES

100 años de sátira y denuncia del teatro huelguero

El sentir de la muchachada de un pueblo que encuentra en el teatro la manera de llevar su mensaje para conquistar las conciencias

1.1k

La Velada Teatral universitaria constituye una de las tradiciones culturales y estudiantiles más singulares de la Huelga de Dolores  de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Durante un siglo ha sido un espacio donde el humor, la crítica y la creatividad escénica convergen para retratar la realidad nacional desde la mirada libre, consciente y desafiante de los estudiantes. 

Surgida en 1926, esta actividad se ha consolidado como un escenario de libertad expresiva en el ámbito sancarlista. Entre los escenarios más significativos que albergaron a este evento estuvieron los teatros Lux, Variedades y al Aire Libre, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, así como el desaparecido cine Cali.  Según Héctor el Gryo Reyes, huelguero y miembro del grupo de teatro Ixchel, de la Facultad de Medicina, los primeros participantes presentaron ejecución de instrumentos, declamación y oratoria. Entre las obras inaugurales se documentaron Tina de Jarque y We have not bananas. Una obtuvo su inspiración de la primera mujer que se desvistió en el teatro burlesco, y la segunda, se mofoba de que Guatemala fuera una república bananera. 

Desde sus inicios, la velada reunió a estudiantes con inquietudes artísticas e intelectuales. Entre los actores que participaron en estas presentaciones destacó Carlos Martínez Durán, quien años más tarde se convertiría en rector de la USAC. También José Luis Balcárcel, uno de los autores de La Chalana, el emblemático canto de guerra universitario que forma parte de la identidad estudiantil sancarlista. 

Voz de los sin voz

“Defendíamos a personas de sindicatos o ligas campesinas y a obreros que tenían problemas con sus salarios o con largas jornadas de trabajo. Nos convertimos, en buena medida, en portavoz de ellos”, explicó Emir Querubín Mejía, miembro de la agrupación teatral Nalga y Pantorrilla, de Ciencias Económicas, quien también añadió que el mensaje político de las representaciones era influenciado por los catedráticos que tuvieron. 

“El aporte siempre ha sido proponer, protestar y denunciar”, agregó Mejía, al considerar que el teatro fue solo uno de los otros tantos elementos artísticos de la huelga, como también lo fueron la música, la poesía y la pintura. 

Joaquín la Abuela Calderón comentó que “uno de los aspectos relevantes es que las veladas eran aplaudidas, buscadas y esperadas por quienes nos debemos: el pueblo. Llenar galería, palco y luneta del teatro Lux a reventar, no era algo casual, solo se lograba cada vez que nos presentábamos allí”. 

Para él esto significaba que entre las personas existía un gusto y deseo por asistir a esta actividad, pues sabía que aprendería de ella y podría ver su sentir expuesto. “Era un mensaje contundente al gobierno de turno”, señaló. Quedarse callado es malo, es no ser universitario, por lo que invitó al estudiantado a salir de las redes sociales, ellas “son parte de un arma que está de moda. Pero las calles nunca van a pasar, hay que complementar”, argumentó. 

Auge y desarrollo

Desde 1931, muchas actividades huelgueras fueron suprimidas y el período de clases se cambió de tal manera que el Viernes de Dolores cayera en vacaciones, recogió Catalina Barrios, en su libro La Huega de Dolores, 100 años y 1 más. 

El Gryo Reyes señaló que la velada tuvo un importante auge luego de la dictadura de Jorge Ubico (1931-1944). 

Mejía explicó que desde 1976 la velada consiste en “sacar a escena grupos de diferentes unidades académicas de la USAC, que para poder participar pasan la censura del Honorable Comité y permite mezclar la sátira con la denuncia y mensajes sobre temas de la realidad nacional”. 

Agrupaciones teatrales

Con el paso de los años surgieron diversas agrupaciones teatrales estudiantiles que comenzaron a participar. Cada una aportaba nuevas propuestas escénicas y estilos de humor. Asumían la tarea de preparar montajes cada vez más elaborados y mantener la esencia satírica que caracteriza al evento. 

Entre los más destacados se recuerdan a Nalga y Pantorrilla, Tortilla con Sal, Tenemos Hambre, Pan para tu matate, Ixchel, Los Mezquinos, Juez y parte, Taller de ideas, Planta de acabados, Pies descalzos y  Sátira y Arte, entre otros. Algunos desaparecieron y otros están vigentes, pero todos han escrito una página de esta historia, y varias de sus obras se hicieron acreedoras del máximo galardón de la huelga, Chabela de Oro y otros
reconocimientos.

Nalga y Pantorrilla, conformado por estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas, uno de los grupos con más influencia, fue fundado en 1975 y tuvo su primera presentación en 1976. Entre sus iniciadores se encontraba Douglas González Dubón. Sus precursores fueron los grupos Los Lagartos y Costilla y Carne. Su primera comedia fue El Conde de Pocopisto. 

En 1977 se desarrolló Lo que el tiempo nos dejó, que recibió el premio Chinche Barnoya; llegó a presentarse más de 100 veces tanto en Guatemala como en México, Honduras y El Salvador. Mejía rememoró la ocasión en que participaron durante el XVI Festival de Teatro Nacional de 1978 de la Universidad Popular, pocos días después del asesinato del líder estudiantil Oliverio Castañeda De León. Tal era la demanda que se presentaron tres veces en un día. 

Debido al contenido de sus mensajes y la rebeldía demostrada en sus acciones, muchos estudiantes de la USAC fueron perseguidos, desaparecidos o asesinados. Esto golpeó directamente a la velada y los grupos que la animaban. Calderón expresó: “Empezamos a vivir la represión en 1976. Pero ya no pudimos soportar más en 1980, cuando la represión era infranqueable. Lamentable, porque querían acallar la voz del pueblo que se traducía a través del teatro y la cultura”. 

Originales premios

En 1969 fue creada la Chabela de Oro, un galardón destinado a reconocer la mejor obra presentada durante la velada. 

Este premio se convirtió en uno de los mayores estímulos para las agrupaciones, fomentaba la creatividad y la competencia artística entre facultades. También se creó el premio Chinche Barnoya para la representación o parodia con mejor contenido político; aparecieron otros homenajes y reconocimientos de menor categoría. 

El primer director en ganar el máximo título fue Luis el Bombero Herrera, del grupo Los Lagartos, quien confesó que al inicio no gustaba de la Huelga. “Vamos a hacer algo que sea diferente, pero lo que no sabía es que ella se metería de tal manera dentro de mí”. Lo distinto que imaginaba Herrera era “hacer algo sin una sola mala palabra”. 

Idearon una puesta en escena con los tres candidatos a la Presidencia: Carlos Arana Osorio, Mario Fuentes Pieruccini y Lucas Caballeros, donde se burlaron de cada uno por medio de una sesión con un astrólogo. Recibió una ovación de pie en el teatro Lux. 

Pasos fugaces

Barrios anotó que entre los personajes que tuvieron participación durante esta celebración están el Nobel de Literatura 1967, Miguel Ángel Asturias. Para 1950, el “Gran Moyas” fue parte del jurado calificador, acompañado por Francisco Escobar (el Mono, primer rey feo universitario) y Joaquín Barnoya. 

En su fallo, el primer lugar, por unanimidad fue a La comedia incógnita y el segundo para La sesión espíritita. En ese año, las reinas de cada facultad solicitaron mayores moderaciones hacia el trato a la mujer. 

Mejía mencionó que en 1976, Oliverio Castañeda De León participó con la agrupación Nalga y Pantorrilla, integrándose a la obra El Conde de Pocopisto. 

La pieza fue reconocida ese año con la Chabela de Oro, lo que la convirtió en una de las producciones más recordadas.

Activismo femenino

La historia de la velada también refleja transformaciones sociales. Durante varias décadas la participación en el escenario estuvo dominada solo por hombres. 

Sin embargo, esta situación cambió en 1972, cuando María Emilia Figueredo y Matilde Diéguez participaron al colocar una silla de parapléjico en el escenario, rodeadas de silencio, como escribió Barrios. 

Sería hasta 1973 que una joven participó de una obra. Se trató de Sara Martínez Evertz, de Humanidades. Su debut tuvo lugar en el Lux en la representación de El hombre sin mancha, donde interpretó a Guate dulce. Su presencia enmudeció al público y marcó un momento significativo al abrir paso a la participación femenina.

Mirian la Negra Colón fue la primera en tener un rol protagónico con Cleopatria y Pueblo Antonio, de Nalga y Pantorrilla, en 1978.

Excomulgados

Entre los temas que se tocan no solo hay políticos, también culturales, religiosos y deportivos,  dando motivo a interesantes anécdotas. Las obras presentadas solían abordar la actualidad, se parodiaba a figuras públicas, instituciones o acontecimientos nacionales. Esta característica, que le dio identidad, también causó momentos de tensión con sectores políticos y religioso. 

Una anécdota curiosa ocurrió en 1949, cuando un grupo de estudiantes de la Facultad de Medicina presentó la obra La Alcaida. En la pieza se parodiaba la oración del Ave María que decía: “Votar por Prado hijas mías, siervas babosas de monseñor, si no del cielo ha de caer en vez de pan, popó”. 

La situación se agravó cuando el estudiante Edelberto Torres Rivas interpretó en escena a monseñor Mariano Rossell y Arellano, lo que fue considerado una afrenta directa por parte del prelado. Como consecuencia de la obra, varios alumnos de Medicina fueron excomulgados.

El episodio reflejó el carácter provocador que la velada había adquirido y la forma en que el teatro estudiantil podía convertirse en un instrumento de crítica social.

Granada y un presidente

Entre otras de las pintorescas memorias se recuerda el año 1947 cuando se presentó Los guardianes de la bomba atómica. Algunos oficiales del Ejército malinterpretaron el momento.  Uno de ellos, ofendido, tiró una bomba lacrimógena desde uno de los palcos del Lux y subió al escenario pistola en mano. Ante ello, el estudiante Ricardo Chichicúa López, de Medicina, se enfrentó a él. 

Posteriormente, los sancarlistas caminaron por la 6a. avenida con La Chalana en sus voces, mientras pedían hablar con el presidente Juan José Arévalo para aclarar los hechos. 

Otro momento jocoso fue cuando el exgobernante, Miguel Ydígoras Fuentes (1958-1963), asistió  a una velada. Al momento de entonar al Himno Nacional de Guatemala, sonó en su lugar el de Estados Unidos, en una clara alusión a los beneficios que ese país le prodigó a su gobierno.

Muchos de los grupos mencionados aún se presentan cada año. Otros más novedosos y con nuevas perspectivas han surgido, lo que perpetua su importancia. 

Aún así, Calderón invitó a los estudiantes sancarlistas a recuperar la visión y la escencia de la velada y la huelga, para que vuelvan a ser    aquellos actos políticos y culturales de relevancia para la población.


Vitalidad cultural

La tradición ha conservado elementos que la distinguen, como el humor irreverente, la sátira política, la participación colectiva de estudiantes y la competencia entre agrupaciones teatrales. Al mismo tiempo, cada generación ha aportado nuevas formas de interpretar la realidad nacional desde el escenario.

Celebrar 100 años de la velada teatral universitaria significa reconocer su importancia dentro de la historia de Guatemala. Durante un siglo, ha servido como un espejo de la sociedad, donde los estudiantes han encontrado un medio para cuestionar a las autoridades y compartir con el público una mirada satírica sobre el país.

A 100 años de su surgimiento, continúa siendo un símbolo de la vitalidad cultural de la Huelga de Dolores y de la capacidad del teatro para dialogar con la realidad de su tiempo.

Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CATEGORÍAS

ARTES8670
CRITERIOS3234
DEPARTAMENTALES1891
DEPORTES14798
ECONÓMICAS5628
EDITORIAL791
EN EL PAÍS31862
MULTIMEDIA994
MUNDO8320
PORTADA4525

Artículos relacionados

REVISTA VIERNES

Historia que marcha sobre rieles

El Museo del Ferrocarril de Guatemala se consolida como uno de los...

REVISTA VIERNES

Delicadez en cada movimiento

Con apenas 14 años, Kate Hernández comienza a trazar con disciplina y...

REVISTA VIERNES

El arte de ser patojo nostálgico

Entre el naufragio cotidiano del scroll  y la inteligencia artificial que reclama...