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El sello postal en su historia, arte y legado

En cada estampilla existe un dedicado proceso que las convierte en excepcionales obras en miniatura

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Si bien en Guatemala el sistema postal ya no es tan cotizado como antes, este no ha caído en desuso. Como en todas las actividades modernas, también ha tenido que actualizarse; sin embargo, hay un detalle que se mantiene vigente desde hace casi dos siglos, las estampillas. Son pequeñas figuras geométricas de papel, por lo general cuadrados, pero también rectángulares, círculares o triángulares con bordes dentados, que son adheridas en los envoltorios de los sobres.

Ellas demuestran que se ha pagado el envío de estas. Incluyen ilustraciones, valores y datos del país emisor. Además de su función práctica, muchos sellos tienen valor histórico o cultural, donde son reflejadas figuras, hechos importantes, fauna y flora característicos de una región o alguna fecha especial. Por ello, se han convertido en objetos de colección; a esta acción se le denomina filatelia.

En el país se cuenta con ellos desde 1871, y gracias a la Dirección General de Correos y Telégrafos sigue vigente su diseño, elaboración y utilidad.

Apuntes de la historia

Antes que los teléfonos, las computadoras o el mismo internet, la carta fue el gran medio de comunicación. Su origen es tan antiguo que resulta difícil de determinar, aun así, algunos de sus antepasados pueden precisarse en las antiguas grandes civilizaciones, con el uso del papiro en Egipto y el papel de cáñamo de China y Roma que, por su parte, solía usar pergaminos hechos de piel de animal o tablillas de cera. Métodos empleados para hacer llegar información de un punto a otro. Fuera como fuera, el ser humano siempre ha tenido la necesidad de comunicarse, de llegar a tierras fuera de sus límites y, por miles de años, la carta fue la solución a ello.

Con el tiempo, se volvió imperativa una señal que garantizara la autenticidad y privacidad de la carta o documentos recibidos. Para ello se idearon los lacres de cera, que contaban con un diseño que se suponía único y perteneciente al remitente. Tuvieron bastante auge en la Edad Media, entre los nobles y los eclesiásticos y resultaron ser los ancestros de los sellos postales; sin embargo, su uso era completamente diferente al que se les da hoy.

Revolución mundial

En la Inglaterra victoriana, a inicios del siglo XIX; el destinatario era quien pagaba el costo del envío, y ese precio variaba según la distancia y el peso de la carta. Esto generaba muchos problemas, ya que algunas personas se negaban a pagar, las cartas eran devueltas y el sistema postal era ineficiente.

En 1837 entra en escena sir Rowland Hill, maestro británico, quien al encontrarse con esta problemática decide presentar una solución, la Post Office Reform o Reforma de la Oficina Postal. En ella se proponía que ahora fuera el remitente el responsable de pagar el envío de antemano, con un comprobante en el sobre como prueba de pago, a lo que nombró pago previo. De igual manera propuso una tarifa uniforme, sin importar la distancia dentro del país, lo que democratizó el acceso al correo.

Con ello nace el primer ejemplar, el Penny Black, el 6 de mayo de 1840. Presentaba el perfil de la reina Victoria, monarca de entonces; este costó un penique y su éxito se extendió por todo el reino y luego por todo el mundo. A Inglaterra le siguió Brasil en 1843, Estados Unidos en 1847 y Chile en 1853; como se indicó al inicio, en Guatemala llegan 31 años después de su primera emisión.

El sello postal y el servicio de correos

Como detallan los archivos de la Dirección General de Correos y Telégrafos, en 1866, el presidente Vicente Cerna impulsó la reforma postal en Guatemala inspirada en el modelo europeo. Ese mismo año se encargaron 500 mil sellos a la Casa de la Moneda de París, con valores en centavos y el escudo nacional como motivo central. Aunque el pedido tardó tres años en completarse y otros dos en ponerse en circulación, finalmente las primeras estampillas oficiales salieron a la venta el 1 de marzo de 1871. Uno de los factores que pudo haber causado el retraso fue que el sistema nacional monetario aún no se adaptaba al sistema decimal, por lo que las siguientes emisiones se hicieron en reales hasta la integración del país a la Unión Postal Universal en 1881.

A lo largo de las décadas, las estampillas guatemaltecas evolucionaron tanto en diseño como en simbolismo. Tras las primeras emisiones con el escudo nacional, en 1875 se introdujo una imagen académica de la Libertad, diseñada por la American Bank Note, que no fue bien recibida por el gobierno nacionalista. Por lo tanto, fue reemplazada en 1878 por la figura de una mujer indígena acompañada de quetzales. Pero, el diseño habiendo sido realizado en Francia y como molde la fotografía de una estatua de alguna plaza pública de París, no representaba fielmente los rasgos mayas. Aun así, desde entonces, el ave nacional se convirtió en uno de los motivos más recurrentes en la filatelia guatemalteca, que reflejaba el orgullo patriótico.

Uno de los episodios más célebres de la historia postal nacional ocurrió en 1881, cuando esta misma imprenta cometió un error durante la impresión de una serie dedicada al ave, el quetzal. Al plasmar la imagen central y luego el marco, algunos pliegos fueron colocados al revés, lo que dio origen al famoso error del quetzal pequeño, descubierto años después. Esta rareza se convirtió en una de las más buscadas por coleccionistas en el mundo y simboliza el valor histórico, artístico y cultural que han tenido en Guatemala desde el siglo XIX.

Proceso de diseño, creación e impresión

La Dirección General de Correos y Telégrafos es la entidad pública que tiene a su cargo la fabricación filatélica. El correo nacional, institución existente antes que esta, era la encargada del servicio. En 1877, el presidente mudó sus oficinas al edificio de la Superintendencia de Telégrafos, destruido por los terremotos de 1917 y 1918. En 1938, Jorge Ubico mandó a construir el actual edificio conocido como el Palacio de Correos, ubicado en la 7a. avenida y 12 calle de la zona 1.
Es en sus instalaciones donde comienza el nacimiento de una nueva estampilla, con fases como creación, investigación, diseño, impresión y venta. El trabajo de esta institución ha logrado mantenerse con el paso del tiempo y la modernización de los métodos de comunicación. Quien supervisa esto es Ziomara De León, coordinadora del departamento de Filatelia, Arte y Cultura de Correos.

En grandes rasgos, todo inicia con la propuesta de algún individuo, institución, artista o sugerencia de la Dirección General o del Consejo Nacional Filatélico. Una vez recibida, esta última entidad sesiona para conocerlas y dicta minar si la temática es viable. Ya aprobada, la responsabilidad cae en el departamento liderado por De León; ellos se encargan de la parte investigativa con la recopilación de material histórico, fílmico y fotográfico, que serán la base de los bocetos; en algunas ocasiones se contratan artistas. De León comenta que “primero hacemos una planeación previa. Evaluamos si será una emisión de un solo sello o más, y qué otros productos filatélicos podrían desarrollarse a partir de esa emisión; depende en gran medida de la riqueza del tema, en especial si se trata de una conmemoración importante”.

Por lo general se presentan tres propuestas finales, entre las que el Consejo Nacional Filatélico escogerá una. Si no hay cambios que realizar, se procede al arte final y a la recopilación de las firmas y autorizaciones correspondientes. Posterior a ello, el expediente es llevado a las oficinas de la Dirección General de Correos, junto con un dictamen técnico del departamento financiero, uno jurídico que detalla qué valores va a tener la emisión, cuántas cantidades se van a imprimir, el tiraje por hacer y la fecha propuesta para su lanzamiento.

Con todo listo, se solicita al Taller Nacional de Grabados en Acero la producción del sello postal, que tarda un mes. Si todo está en orden, se hace en impresión digital offset, luego la impresión de la tinta de seguridad y finaliza con el perforado. Después de control de calidad y la participación de la Contraloría General de Cuentas, las estampillas son finalmente entregadas en el Palacio de Correos.

Pequeños embajadores

Para De León, la realización de estos timbres es “un gran reto y una enorme responsabilidad, porque en ellos plasmamos parte de la historia del país; los hechos históricos más importantes, pero también lo que somos desde el turismo, la cultura y la tradición. Cada emisión es un desafío para representar fielmente nuestra identidad como nación, porque esos pequeños trozos de papel viajan por el mundo. A través de ellos nos conocen; son embajadores del país. Como decimos aquí: son pequeños tesoros en nuestras manos”.

En su experiencia, lo más enriquecedor es el poder trabajar con los expertos, además de monitorear de cerca cada etapa del proceso. Asimismo, considera que “construimos y desarrollamos conocimiento a través de los sellos. ¿Con qué propósito? Para que las generaciones futuras puedan ver qué pasó en Guatemala, qué existía, qué había o si aún existe. Creo que eso es lo que realmente me apasiona: estar en el presente, poder plasmar algo que quedará para la posteridad”.

En la era de la inmediatez, el servicio postal adquiere una vigencia diferente. Para De León, esta radica en la carga emotiva que puede llevar cada carta y en lo comercial. “Nosotros entregamos sueños y anhelos, así como que por este medio se entregan los pedidos que se hacen del extranjero”, finaliza.

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