La mayor motivación en el día a día de una madre es poder sacar adelante a sus hijos a costa de no contar con el tiempo que quisiera para convivir con ellos. Pero en una fecha especial, como la de mañana, se les reconoce la importancia del sacrificio que hacen frente a las adversidades que se presentan en el devenir de los meses. Muchas veces carecen de apoyo familiar, algunas se hacen cargo de un hogar sin la presencia paterna, sufren la pérdida de quienes se han convertido en un importante soporte, lo cual no las desmotiva sino, por el contrario, es un aliciente y a la larga, sin quererlo, se convierten en ejemplo para los demás.
En el área de ventas de artesanías en el Mercado Central de la zona 1 de la ciudad de Guatemala, una gran parte de las trabajadoras o propietarias de los locales son mujeres y madres, entre jóvenes y mayores, que se guardan sus propias historias, pero hoy cuatro de ellas decidieron abrir su corazón para relatarnos sus vivencias.
Ana María López, 70 años
“Cumplí 65 años trabajando en este lugar. A los 20 años tuve a primera hija y la segunda a los 35. En algún punto tuve dificultad porque soy madre soltera. Luego de pasar por un matrimonio, donde vivía maltrato intrafamiliar, gracias a Dios inicié mi negocio. A los 15, cuando me junté con el papá de mis hijas, me enseñó la talabartería. Actualmente tengo cuatro tiendas”.

Lesbia Estrada 48 años
“Cuento con 15 años en este local de productos de madera. Ha sido un poquito complicado con mis dos hijas, porque debía dejarlas con otras personas y una no se sabe si las tratan bien o si las maltratan. Pero, gracias a Dios, en el tiempo en que me las cuidaron no sucedió nada, y el trabajo ha salido adelante y ellas también. Ahora ya son mayores de edad y esa preocupación ya pasó”.

Rosa Ixcayú 60 años
“Tengo una hija ya casada. Desde hace 40 años poseo mi local de venta de ropa. Cuando mi hija era pequeña, después de la escuela, se venía acá al establecimiento a hacer sus tareas y me acompañaba hasta que cerraba. Nunca fue incómodo o molesto. Era más un apoyo, porque así no descuidaba el negocio, que es el que nos provee”.

América Carranza 55 años
“Llevo 19 años en este lugar. Es que mi esposo era talabartero. Tenía su taller en nuestra casa y desde ahí le proveía a varios negocios del Mercado Central, y me dejó trabajando aquí. Tengo dos hijos mayores ya. Pues es difícil, pero el amor a los hijos hace que uno haga milagros, porque cuando ellos eran pequeños, mi esposo era quien los iba a dejar a la escuela y luego los recogía. Sobre todo, fue muy difícil cuando él falleció, puesto que mis hijos aún estudiaban. Pero siempre me esforcé para sacarlos adelante”.












Deja un comentario