El 10 de mayo de 2013, el Tribunal de Mayor Riesgo “A” dictó una condena histórica para Guatemala y para la lucha por la justicia y la verdad: declaró culpable al general retirado Efraín Ríos Montt por genocidio y crímenes contra los deberes de humanidad, cometidos contra el pueblo maya ixil durante su régimen.
Aunque días después la Corte de Constitucionalidad anuló el veredicto, una decisión polémica y duramente cuestionada, el juicio marcó un precedente. Desde entonces, cada aniversario se ha convertido en una ocasión para que sobrevivientes, comunidades y organizaciones de derechos humanos recuerden a las víctimas, reivindiquen su dignidad y exijan una justicia que les fue arrebatada, además del reconocimiento social y político de los daños causados.
5 días para conmemorar una condena histórica para Guatemala
Este 2025 se conmemoran 12 años de aquella sentencia, y la Casa de la Memoria Kaji Tulam organizó un festival de cine para honrar la fecha y continuar promoviendo la construcción de una memoria histórica y colectiva.
En la semana se proyectaron películas y documentales que abordan temáticas, como resiliencia, búsqueda de justicia y las atrocidades cometidas por el régimen de Ríos Montt. Entre los títulos anunciados, destacan La Hija del Puma, El Buen Cristiano y 500 años: vida en resistencia, obras que invitan a reflexionar y no olvidar.
El festival comenzó el 6 de mayo y culmina el 10 con visitas guiadas, proyección de documentales y un concierto conmemorativo a cargo de la cantante guatemalteca Rebeca Lane, el viernes 9. La entrada es gratuita y se puede asistir en la 6a. avenida 1-73, zona 1, ciudad de Guatemala.
Comunidades siguen sin recibir justicia
Han pasado 65 años desde el inicio del conflicto armado, 29 desde la firma de los Acuerdos de Paz y 12 desde la sentencia (posteriormente anulada) contra Ríos Montt. Sin embargo, las comunidades indígenas aún no han recibido la justicia que merecen. Además, enfrentan una negación persistente de las violencias vividas. Recordar y conmemorar no es solo un acto de dignificación, sino una herramienta para sanar colectivamente una herida histórica que continúa afectando y dividiendo a la sociedad guatemalteca.











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