La imaginería guatemalteca tiene grandes exponentes en sus devociones de pasión, nazarenos y dolorosas; sepultados y soledades. Todos recorren el Centro Histórico en Cuaresma y Semana Santa, y a su paso no solo despiertan la fe de adultos, sino de pequeños que recurren a ellos como muestras de cariño. Ahora es usual esperar la salida de cortejos infantiles. Actos devocionales que inculcan en la niñez el interés por las procesiones y amor hacia Jesús y María, representados en las sencillas apariencias de sus primeros años.
Las imágenes son más recientes de lo que se cree. En los últimos años, varias cofradías han promovido estas costumbres entre los hijos de sus miembros. Es importante resaltar que existen dos tipos de efigies para estas ocasiones. Aquellas que representan a un Cristo infante con la cruz, como el conjunto de la Catedral Metropolitana, y las que reproducen en menor escala otras ya existentes; por ejemplo, la realizada para Jesús del Consuelo del templo de La Recolección. Las primeras suelen despertar bastante interés, pues impacta la figura de un pequeño sangrante con la cruz en brazos o de una niña con la
mirada sufriente de una madre.
El padre José Ignacio Barillas, sacerdote e historiador de la Arquidiócesis de Guatemala, explicó que estas esculturas se originan de la asociación artística de la profecía de Simeón a María, al predecirle que ella y su bebé sufrirían. También detalló que “hay tradiciones que relatan que mientras la Virgen duerme, ve a su Hijo padeciendo los tormentos de la cruz. Por esta razón, los artistas empezaron a esculpir imágenes del niño Jesús azotado, coronado de espinas, cargando la cruz o crucificado”. Esta iconografía tenía como fin la recolección de limosnas y de dar consuelo en casas particulares.
Tocan sentimientos
Entre las destacadas están el Niño de la Demanda, del templo de La Merced, la más conocida de todas; el Niño Jesús de la Reconciliación, venerado en Mixco, una talla ante la que rezó San Juan Pablo, II. Y el Niño Jesús de las Cacherías, del templo de Candelaria, que acompaña los viacrucis internos de esta iglesia. Hermosas estampas que tocan sentimientos y recuerdan las palabras del evangelio de Mateo: “El que se haga pequeño como este niño, ese será el más grande en el Reino de los Cielos”.












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