Juan Antonio Canel Cabrera
[email protected]
Me reuní con Otto Morán, viejo amigo desde los tiempos de la Revista Tinamit; casi como don Quijote, me contó las aventuras y desventuras por las cuales ha transitado “desfaciendo entuertos” en su ánimo por llevar agua a donde no hay, en el área de San Lucas y sus aledaños, en el departamento de Sacatepéquez. Su lucha ha sido contra gigantes que no son molinos de viento, sino gentes corruptas que, esas sí, llevan agua a su molino.
Desde hace más de 30 años Otto, me consta, al ver el esfuerzo de la gente por llevar agua a su casa en botes, tinajas, cuchumbos, tecomates y otros recipientes, tuvo la idea de poder aliviar esa necesidad. Pensó que todo iba a ser fácil; que solo consistiría en sacar el agua del pozo, bombearla, entubarla, y ¡ya! Pero, como dicen los patojos: ¡Huechos!
La primera zancadilla que recibió no consistió en encontrar el agua subterránea, sino la corrupción. Las autoridades, de aquel tiempo y hasta de la administración municipal pasada, pusieron una serie de obstáculos para que el agua barata no llegara a la gente. Otto llenó todos los trámites requeridos, esperó, se torció los dedos y se comió las uñas, pero siempre salían a bailar trabas que, con el disfraz de burocracia, aspiraban a entrar en negocios turbios. Según me contó, a todos les dijo “aquí está tu son Chabela”; él quiso hacer las cosas de manera limpia y legal.
La primera zancadilla que recibió no consistió en encontrar el agua subterránea, sino la corrupción. Las autoridades de aquel tiempo y hasta la administración municipal pasada pusieron una serie de obstáculos para que el agua barata no llegara a la gente.
Con tenacidad, poco a poco, fue abriéndose paso hasta que, aguantando codazos y rempujones, llegó a Milpas Altas. Según me dijo, en la administración pasada, el diputado de Sacatepéquez, ahora preso en los Iunais, y que el 1 de mayo de 2024 se declaró culpable de conspirar para el tráfico internacional de drogas, conminó a los Codedes de Sacatepéquez para que no le compraran agua y que mejor hicieran sus propios pozos. Lo cual, claro, implicaba unas coimas jugosas.
Hicieron los pozos pero, por cuestiones de gravedad e hidrología, prácticamente, de nada sirvieron; por lo menos en Magdalena Milpas Altas no es funcional, me consta, porque fui a verlo.
La cosa no quedó en lo anterior sino que, para ponerle la rodaja de huevo a la enchilada, el alcalde de San Lucas y el gobernador de Sacatepéquez anterior le metieron juicio. ¿La razón? Que Otto hizo un aforo, que consiste en botar agua para medir los caudales, y mostrarlo como una manifestación pacífica. Y, como tanto el gobernador como el alcalde y sus asesores no entendieron muy bien lo del aforo, que en todo el mundo es una práctica recomendable y necesaria, pues lo llevaron a los tribunales.
Otto y su abogado, se pusieron chispudos y le demostraron al juez la incompetencia que, como funcionarios demostraron el gobernador y el alcalde. De esas resultas, esos funcionarios salieron echándole sapos y culebras a Otto. Pero, los garfios de la corrupción estaban echados a través de los Codedes de Sacatepéquez.
Fui a ver una manta grande que, en la ruta a Milpas Altas, puso Otto, a la par de un tubo que está echando agua en señal de protesta que dice: “La opción preferencial por los pobres es un imperativo categórico. Que los Codedes financien el agua potable a precios más altos del mercado, es corrupción”.
Y como el servicio de agua, por culpa de la corrupción sigue deficitario, se ha llegado al colmo de que camiones-cisternas tienen que ir a comprarle agua a Otto para poder regar los sembradíos, cuando les saldría mil veces más barato tener el agua entubada en los sembradíos, pero la corrupción y la burocracia no lo han permitido; además, para colmo, hasta el momento en Guatemala no hay una ley de aguas. Así que ¡aguas con la corrupción!











Deja un comentario