Los cánticos del pueblo mexicano acompañaron a José a José hasta su última morada. Familiares, amigos, personalidades del arte y miles de fanáticos se volcaron ayer en el homenaje al cantante, fallecido el 28 de septiembre, y cuyas cenizas llegaron, después de días de incertidumbre, a la Ciudad de México.

Las cenizas de El Príncipe de la Canción arribaron a la tierra que lo vio nacer en un avión de la Fuerza Aérea Mexicana, acompañadas de sus dos hijos mayores, José Joel y Marysol Sosa. Minutos después arrancó un cortejo fúnebre que recorrió importantes avenidas de la Ciudad de México hasta llegar al Palacio de Bellas Artes.

En el recinto cultural más importante de ese país, que lució sus mejores galas, con alfombra roja incluida, miles de personas esperaban. La pared principal del lugar fue adornada con una pantalla con la foto del artista en blanco y negro, su nombre y una de las frases que más cantó: “Qué triste fue decirnos adiós”.

Poco después del mediodía, el homenaje se trasladó a la Basílica de Guadalupe, donde se ofreció una misa en su honor, que finalizó con su hija Marysol interpretando el tema Cara a cara. Posteriormente, sus cenizas pasaron por el Parque de la China de la colonia Clavería, donde vivió el intérprete.

Al final de la tarde, los restos de José José llegaron al Panteón Francés para descansar junto a los de su madre, Margarita Ortiz, como él lo había pedido. Así fue el adiós al Príncipe, que a tantos hizo vibrar con canciones como El triste, El amar y el querer y La nave del olvido.











Deja un comentario