En la columna vertebral de la 6a. avenida, zona 1, donde conviven la memoria universitaria y el rumor de otras épocas, se alza el Teatro Lux. A nueve décadas de que sus puertas se abrieron por primera vez, este edificio representa uno de los cimientos sobre el cual se ha edificado el espíritu moderno de Guatemala.
Corría 1936 cuando los arquitectos Roberto Hoeff y Rodolfo Bader dotaron a la zona 1 de una fachada que parecía traída del futuro. En aquellos años, el Lux era sinónimo de etiqueta. Atravesar su umbral para ver Kukulkán, de Miguel Ángel Asturias, exigía las mejores galas; el palco costaba apenas Q0.30, pero el prestigio de estar allí no tenía precio. Fue el refugio de los clásicos, desde Lope de Vega hasta Molière, bajo una cúpula que prometía modernidad.
Como preámbulo del show Frank Sinatra Sinfónico, recién presentado, funcionarios del Teatro Lux compartieron un mensaje sobre el legado del recinto. “Este lugar es patrimonio vivo; se trata de las emociones que habitan en sus muros y los recuerdos que todos compartimos aquí”, señalaron antes de invitar al público a disfrutar de la voz de Daniel Cano y su orquesta. “Celebro estos años del teatro que me vio crecer como cantante de jazz”, expresó el guatemalteco que en escena cantó New York, Strangers In The Night y My Way.
Escenario del séptimo arte
Como toda gran historia, el Lux vivió sus giros dramáticos. En los años 70, el aroma a perfume francés fue sustituido por el espíritu crítico de la Huelga de Dolores. La Chalana presidió su escenario, que legitimó al teatro como un bastión de la voz de la Universidad de San Carlos.
Al arribar a la década de los 80, el recinto se fragmentó para sobrevivir. El gran salón se dividió en cinco pantallas, que cedieron su espacio a la penumbra del cine y a la nostalgia de los documentales.
Parecía que el gigante dormía, oculto tras la cotidianidad de la cartelera comercial.
Renacimiento cultural
La gran transformación llegó en 2013. Tras una remodelación que respetó su esencia, pero derribó sus barreras tanto físicas como sociales, el Lux renació como sede del ahora Centro Cultural de España en Guatemala.
Hoy, el inmueble ya no es un espacio exclusivo para el frac y la seda, sino un ecosistema abierto y accesible porque cuenta con diversidad de talleres para música experimental, exposiciones de arte contemporáneo y literatura que conviven bajo el mismo techo Art Déco.
54 mil personas cruzan sus puertas cada año.
Su diseño garantiza que todos los guatemalecos y visitantes, sin excepción, puedan disfrutar de una de las ofertas artísticas del Centro Histórico de la capital.











Deja un comentario