Lucía Dubón
Presidenta del Instituto de Previsión
Social del Periodista (IPSP)
[email protected]
Hablar de crisis en Guatemala se ha vuelto recurrente. Desde que recuerdo mis coberturas periodísticas en medios escritos y radiales, siempre teníamos titulares relacionados a crisis en los ámbitos político, económico y social. Sin embargo, más allá de los síntomas visibles, hoy conviene detenernos en una pregunta de fondo: ¿qué tipo de liderazgo estamos ejerciendo —y demandando— como sociedad?
Desde la perspectiva académica, el liderazgo no se limita a la conducción de empresas, instituciones y ONG. Es, ante todo, la capacidad de influir en la construcción de sentido colectivo, orientar decisiones en contextos complejos y generar condiciones de estabilidad y desarrollo. En escenarios de crisis, esta capacidad se vuelve aún más determinante.
En Guatemala, uno de los principales desafíos radica en la fragmentación de visiones y en la debilidad de liderazgos que logren articular intereses diversos en torno a objetivos comunes. Predomina un liderazgo reactivo, de corto plazo, más enfocado en la coyuntura que en la construcción de institucionalidad. Esto limita la posibilidad de impulsar transformaciones sostenibles.
En estos momentos pueden emerger liderazgos más conscientes, capaces de comprender la complejidad del entorno y de actuar con visión estratégica.
Pero la crisis también abre oportunidades. Es precisamente en estos momentos donde pueden emerger liderazgos más conscientes, capaces de comprender la complejidad del entorno y de actuar con visión estratégica. Liderazgos que no se impongan, sino que construyan; que no dividan, sino que integren; que no respondan únicamente al presente, sino que asuman el compromiso con las futuras generaciones.
El reto, entonces, no es únicamente de quienes ejercen cargos públicos o dirigen instituciones. Es un desafío compartido que interpela a todos los sectores: académico, empresarial, social y ciudadano. Porque el liderazgo, en última instancia, no es solo una posición, sino una responsabilidad colectiva.
En tiempos de incertidumbre, Guatemala no solo necesita respuestas inmediatas, sino liderazgos capaces de construir rumbo. Así que dejo esta reflexión como un granito de arena y como un mensaje de esperanza para la transformación de nuestro país.











Deja un comentario