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REPORTE ESPECIAL

Adiós al lodo: caminos en la Zona Reina impulsarán estudio, salud y economía

Mejora de 175.82 kilómetros de la Zona Reina asegurará acceso a servicios esenciales

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En las comunidades rurales de Guatemala, la mejora de las rutas de transporte es más que una cuestión de infraestructura: es un asunto de supervivencia. Para los agricultores y productores de la Zona Reina, el acceso a carreteras en buen estado es fundamental para llevar sus productos al mercado y asegurar el sustento de sus familias.

La reconformación de la rasante (nivel en que quedarán las excavaciones) y la aplicación de balasto en cinco rutas clave de la región implicará vencer al principal enemigo de estudiantes: el lodo, y contribuirá al éxito de los partos.

La Zona Reina constituye un corredor de 750 kilómetros cuadrados, ubicado en Uspantán, Quiché. Esta demarcación territorial integra a 90 comunidades, con una población estimada de 150 mil habitantes. 

Esta es la segunda entrega de una serie de cuatro reportajes sobre la Zona Reina en Quiché. El primer texto documentó el despliegue técnico del Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV) para rehabilitar 175.82 kilómetros. 

El reportaje inicial detalló la activación de cinco frentes de trabajo simultáneos en puntos estratégicos, donde la maquinaria pesada inició la reconformación de las superficies de terracería. Dichas labores de ingeniería establecieron la base necesaria para romper el aislamiento histórico de la región y asegurar la transitabilidad hacia el norte del departamento.

En este segundo trabajo periodístico, se abordarán los beneficios que implicará la reparación de los espacios, los cuales son contados por los propios afectados.

Subsidio directo

La falta de inversión en las rutas ha sido un obstáculo constante y ha obligado a los productores a enfrentar costos elevados y pérdidas significativas en sus cosechas. La situación es especialmente crítica para los productores de cardamomo, un producto delicado y valioso que se cultiva en la región. La humedad y el calor pueden arruinar la calidad del grano, reduciendo su valor a la mitad. 

Es por eso que la mejora de la ruta es una cuestión de justicia económica para las familias que dependen de este cultivo. Como explica Rogelio Tixim, miembro del Gran Consejo de Autoridades Ancestrales Los Copones, la obra será un “subsidio directo al productor”, que le permitirá ahorrar dinero y tiempo.

De acuerdo con los liderazgos comunitarios, las labores se traducirán, de manera directa, en dinero y comida para sus familias. Tixim explica cómo el camino cambiará la economía del hogar.

“Esta mejora significa que ya no perderemos 15 % de nuestras cosechas que antes se desperdiciaban en traslados. Con la ruta arreglada se podrá llegar en buen tiempo y estado”, puntualiza. 

Tributo al lado

La eficiencia en el transporte es, en realidad, el primer subsidio directo al productor. Cuando el CIV estabilice la rasante y compacte el balasto, elimina el “impuesto del lodo”, que obligaba a los agricultores a rematar su producto o a ver cómo el cardamomo y los granos básicos se deterioraban por las vibraciones y el calor en trayectos que antes duraban el doble.

En la Zona Reina, el cardamomo es el oro verde, pero es un producto sumamente delicado. Si el camión se queda atrapado en el fango por horas, la humedad y el calor fermentan el grano, lo cual baja la calidad de “exportación” a “segunda”, lo que reduce el precio de venta a la mitad.

“Esta inversión del Gobierno no es solo tierra y piedra; es asegurar que el dinero del sudor de nuestra gente regrese completo a sus bolsillos para alimentar a sus hijos”, añade Tixim. El costo de sacar la cosecha ha sido, históricamente, el mayor enemigo de las familias. Sin rutas confiables, los dueños de los camiones imponen tarifas elevadas bajo la justificación del daño que sufren los vehículos en las piedras y el lodo; gasto que no sale de las ganancias del comprador, sino directamente del bolsillo de quien siembra.

“El transportista nos cobra el doble porque el camino le despedaza el camión. Ahora que arreglen, ese pretexto se acaba. Si el tramo está liso, el flete tiene que ser justo, porque ya no hay riesgo”, explica Tixim.

Al asegurar una vía transitable, el Gobierno garantiza que el valor de mercado se quede en la comunidad, fortalece la seguridad alimentaria y permite que el excedente se reinvierta en servicios esenciales.

Salud pública

La rehabilitación de los cinco tramos por parte del CIV tiene un impacto directo en la red de servicios del distrito de salud del sector. En esta región de la Zona Reina, esta infraestructura es limitada. Se depende de puestos de salud locales, pero las emergencias mayores deben trasladarse al Hospital de Nebaj o al Regional de Quiché.

Datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), indican que la tasa de mortalidad materna en áreas rurales de difícil acceso puede superar las 160 por cada 100 mil nacidos; sin embargo, una ruta balastada y nivelada reduce los tiempos de respuesta en 20 %.

Rafael Chen Maquín, autoridad ancestral de San César, relata con crudeza la realidad que han vivido. “Hemos llorado a madres que dieron a luz en el asiento de un picop porque el lodo no dejó pasar al carro. Con estas rutas que el Gobierno arregla, se podrá llegar a tiempo y con dignidad a un hospital”, expresa.

La OPS considera que el mantenimiento de vehículos de emergencia se reduce en 30 % al transitar por rutas balastadas y niveladas. Esto significa que el Ministerio de Salud puede invertir más en medicinas y menos en reparaciones mecánicas.

La organización cita que el beneficio no termina en el traslado de urgencia hacia el hospital. La recuperación real de un paciente depende de la estabilidad del trayecto de retorno a su hogar. Un camino en mal estado, con baches profundos y una superficie irregular, puede anular cualquier procedimiento médico previo, convirtiendo el alta médica en un nuevo riesgo de trauma físico. 

“Es triste ver a un enfermo que sale operado del hospital y, al regresar a la comunidad, llega peor de como se fue porque el carro brinca tanto que lastima y le abre las heridas”, puntualiza
Chen Maquín.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un traslado seguro es parte del tratamiento clínico; por ello, una carretera nivelada funciona como una barrera protectora contra traumas físicos postoperatorios.

“Esta inversión del CIV es medicina para nosotros. Que el camino esté firme significa que nuestros enfermos pueden ir y venir sin que el viaje sea un tormento”, añade Chen Maquín.

Presencia en las aulas

La educación en el norte de Quiché enfrenta un desafío que va más allá de las aulas: la accesibilidad. Según laUnesco, la falta de vías de comunicación adecuadas en zonas rurales es uno de los mayores obstáculos para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que el mal estado de los caminos desincentiva la asistencia de alumnos y docentes.

En regiones con alta pluviosidad, el lodo se convierte en una barrera que genera deserción; sin embargo, estudios de Unesco sobre desarrollo rural indican que la mejora de caminos puede aumentar la tasa de matriculación y asistencia hasta en un 15 %, al facilitar el traslado diario a los centros de formación.

Para Tixim, el mantenimiento de estos cinco tramos por parte del CIV es una inversión directa en el futuro de la comunidad. “Por culpa del mal paso, perdíamos hasta 20 días de clase porque ni los niños ni los maestros podían cruzar; con los arreglos aseguramos que estudien”, comentó.

El impacto pedagógico de una carretera transitable también se refleja en el bienestar subjetivo de los estudiantes. A decir de la OPS, el entorno físico y las dificultades de acceso son determinantes críticos de la salud mental. Un trayecto hostil genera desgaste emocional previo a la jornada de aprendizaje.

Al rehabilitar los tramos, se elimina la angustia del trayecto y dignifica la experiencia educativa, lo cual permite que el joven enfoque su energía en el estudio. La OPS señala que la seguridad de los traslados reduce los índices de ansiedad y fortalece su sentido de pertenencia y motivación.

“Da tristeza ver a los patojos todos sucios en las aulas, con los zapatos perdidos en el lodo y la ropa manchada. Eso les quitaba las ganas de estar en la escuela porque se sentían mal frente a los demás”, relata Tixim.

Chen Maquín enfatiza que las carreteras inducen a los jóvenes a aspirar algo más y reducen la desigualdad que castiga al área rural. “Muchos jóvenes dejan de estudiar porque el instituto queda lejos y el camino es un tormento. Hoy, dos o tres alumnos terminan los básicos; esperamos que con las mejoras por lo menos ocho lo logren”, confía Chen, mientras observa el avance de los trabajos en una zona que estaba abandonada.

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