El azul no es solo un color: es un manifiesto. Para la cantautora Vivian Michelle, conocida artísticamente como Blu Martínez, su propuesta nació entre las páginas de Rubén Darío y los acordes del soul, pero su verdadera fuerza brota de las tierras de Moyuta, Jutiapa.
En esta charla se niega a ser encasillada, revela cómo pasó de ser una niña que soñaba frente al televisor a convertirse en una voz versátil, capaz de moverse con la misma pasión entre el afrobeat, el pop urbano y sus raíces de botas y sombrero. Sígala en como Instagram blumartinez.art.
¿Cuándo Vivian cedió micrófono a Blu?
Para muchos soy Vibi, pero en el ámbito artístico me presento como Blu. Este nombre tiene un trasfondo literario: me inspiré en Rubén Darío y su obra Azul, que colocó a Latinoamérica en el mapa del Modernismo. El poeta describía el azul como un color “helénico y homérico, oceánico y fundamental”.
El azul también es la raíz de la música occidental, el Blues y, en inglés, feeling blue evoca la nostalgia. Esa profundidad me representa. Decidí escribirlo sin la “e” porque no soy el sentimiento ni el libro: soy una persona con identidad propia.
¿Cómo llegó a sentirse intérprete?
Desde que tengo memoria supe que quería cantar. De niña, miraba a figuras como Shakira en la televisión y decía con convicción: “Yo soy ella”. Le repetía a mi mamá: “A mí no me pongas a hacer nada, porque yo voy a ser artista”. Siempre he sentido esa necesidad vital de expresarme, ya sea a través de la música, la poesía o la pintura.
¿Qué le sobra o falta al arte, lejos de la capital?
Soy oriunda de Moyuta. A los 10 años me trasladé a la capital debido a la inseguridad, pero hace poco regresé a vivir allá junto a mi mamá. El desafío es grande: la industria cultural en Guatemala sigue poco desarrollada y, en ocasiones, los espacios parecen reservados para ciertos círculos. Por ser “pueblerina”, algunos me subestiman.
Sin embargo, mantenerme fiel a mi esencia me ha abierto puertas. En el oriente somos alegres y amigueros, y esa riqueza cultural me permite conectar con la gente de manera auténtica. Uso botas y sombrero porque forman parte de quien soy, de mis raíces y manera de expresarme.
¿Qué muestra con transparencia?
Mi reciente canción Niña buena refleja la lucha interna, (frente a un mundo de apariencias). En ella confieso que quisiera ser egoísta, pero no me sale; tampoco me nace ser una femme fatale. La sociedad insiste en vender la idea de que una mujer empoderada debe dominar o tratar mal, pero yo creo en lo contrario: tengo buenos sentimientos, y de esa honestidad nace mi música.
¿Es más difícil ganar un festival o escribir una canción?
Ganar un festival es el verdadero reto. Escribir, para mí, es natural: es como llevar un diario. Tengo muchísimas canciones que no produzco porque son personales o espirituales.
En cambio, triunfar en un festival o lograr que los medios escuchen tu propuesta es lo realmente difícil dentro de esta industria.











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