En la pantalla, una figura hecha de partículas parece desintegrarse y volver a formarse al ritmo de un gesto. Basta con levantar la mano para alterar su movimiento y activar un sonido e intervenir en la obra. Ahí, en ese cruce entre cuerpo, imagen y tecnología es donde Mynor Emilio González sitúa su práctica. Lo que empezó como recorridos en bicicleta por la ciudad, fotografías tomadas con el teléfono y una curiosidad constante por entender cómo funcionan las imágenes, hoy es su arte que mezcla intuición y tecnología.
Su interés por el arte comenzó como primer acercamiento a distintas disciplinas, al explorar expresiones visuales. Su hermano lo influenció; le llevaba ocho años y estudiaba música, pero González quería imitarlo. Tenía como 8 años cuando se interesó más en eso.
Recuerda que su primer acercamiento formal fue cuando la abuela lo llevó a un lugar conocido como la Escuelita de Frida Kahlo en la capital; allí aprendió pintura y escultura, después siguió por su cuenta. En la adolescencia pasó a la fotografía, con el teléfono mientras iba en bicicleta y luego con una cámara analógica. Eso lo ayudó a entender la luz y la composición; encontró una estética que siente ahora más viva y nostálgica.
Materializar ideas
Ese interés evolucionó hacia lo digital, no obstante, estudió arquitectura en lo que considera fue un proceso natural. Experimenta con la edición de imágenes y después con animación y modelado 3D, todo de forma autodidacta. Siempre lo han atraído muchas disciplinas y por eso eligió la carrera. Además, le permite combinar arte con estructuras físicas y matemáticas, y así materializar ideas más complejas en el espacio.
Su proceso creativo es emocional, lo ve como una espiral, donde pasa por ideas similares, pero desde perspectivas distintas. Se inspira en artistas como Eric Boror, por su lenguaje propio desde la geometría y lo regional; en Efraín Recinos, por su forma de entender la arquitectura, y en Virgil Abloh, porque demuestra que se puede reinterpretar lo que se estudia y llevarlo a otros campos. Usa programación visual para crear piezas que reaccionan al movimiento o al sonido. Por ejemplo, tiene una obra que se llama Amor propio, donde una figura hecha de partículas se abraza a sí misma y el movimiento de la mano del espectador genera cambios en la imagen y el sonido.
Se acercó a la escena artística en fecha reciente. Visitó galerías y conoció a otros creadores, asunto que le abrió el panorama. Le gustaría tener su propio espacio, no un galería tradicional, sino unO para experimentar, producir y también construir comunidad.


Ficha técnica
Mynor Emilio González
24 años
Estudia de arquitectura en la Universidad de San Carlos de Guatemala
Fotografía analógica, pintura, modelado 3D, animación y programación visual
Instagram /portafolio: @myn0r3milio











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