
La biblioteca comunitaria y móvil de Delmy Felipe surgió en 2021, en pleno segundo año de pandemia, como emprendimiento social para acercar la lectura a la niñez fuera de espacios convencionales.
El proyecto fue concebido mientras ella vivía en República Dominicana, donde trabajaba en bibliotecas comunitarias.
Tomó forma en Guatemala gracias a una beca de la cooperación española enfocada en proyectos culturales.
La propuesta inicial fue una biblioteca sobre ruedas. Una bicicleta como medio para llevar libros a parques y espacios públicos, y como símbolo de cercanía.
Con el tiempo, su constancia le nació la necesidad de una sede fija. Así montó el espacio físico, frente a un área verde de la colonia San José Las Rosas, zona 6 de Mixco, que hoy funciona como biblioteca comunitaria.
Desde ahí, entre libros, mesas, juegos y salidas en bicicleta, el proyecto combina movilidad, lectura y comunidad.
Espacio abierto
Delmy Felipe afirma que los niños llegan a leer, dibujar, pintar, armar rompecabezas o jugar juegos de mesa sin ningún costo; es un lugar para estar. Solo se cobran dos servicios específicos: el curso de vacaciones y las tutorías.
En el curso, por ejemplo, el pago incluye todos los materiales; si un niño tiene que hacer una maqueta o un proyecto, todo está cubierto. Hay niños que vienen a hacer tareas o a leer sin necesidad de guía y tutoría.
A veces, solo quieren imprimir algo o que alguien los oriente un momento. La biblioteca también funciona como un lugar de compañía, además de ser un espacio de apoyo escolar.

El impacto
Se han visto cambios concretos, comenta Delmy Felipe, ya que al afirmar que en 2025, se graduaron dos niñas de sexto primaria que estos años encontraron aquí un espacio para hacer tareas y proyectos.
Para su familia fue un apoyo importante, siendo esto lo valioso de la iniciativa. También está el caso de Andrés, quien aprendió a leer en 2024. Tras algunas semanas de refuerzo, dijo “ya puedo leer”. Son logros pequeños, pero significativos.
Además, hay chicos que pasan el día solos y hallan un lugar de compañía y seguridad. La pandemia afectó a los estudiantes en su capacidad de socializar y hábitos de lectura. Para muchos, fueron años clave de su vida sin escuela ni espacios compartidos.

La biblioteca fundada por Felipe nace de esa necesidad: ofrecer un lugar donde puedan estar con otros niños, con los libros y la experiencia de estar juntos.
Una estragegia de esta educadora es contar cuentos para acercarlos a la lectura.
No se trata solo de leer un texto, sino vivirlo. Cuando se cuenta una historia con emoción, ellos se involucran y se reconocen. Eso despierta el interés y fortalece el vínculo con la lectura.
Ella cree que hace falta más trabajo voluntario en la sartes. Si alguien tiene un par de horas libres y algo que le gusta hacer, puede proyectarlo en su comunidad, dijo a Revista Viernes.











Deja un comentario