Leonel Estuardo Quemé Hernández
Docente de posgrados en las áreas de Tecnología,
Gestión del Talento Humano y Transformación Digital
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La época navideña es la excusa para comprar dispositivos tecnológicos para el hogar y el trabajo. Computadoras, rúteres, cámaras de seguridad, televisores inteligentes, timbres con video, asistentes virtuales y otros dispositivos conectados a internet se convierten en regalos habituales que buscan mejorar seguridad, productividad o entretenimiento durante el cierre del año. Son conocidos como dispositivos del Internet de las Cosas (IoT). Ofrecen comodidad y eficiencia, pero también introducen riesgos cuando no se configuran adecuadamente. Una de las prácticas más frecuentes y peligrosas en Guatemala es no cambiar las contraseñas de fábrica. En muchos hogares y negocios del país, los dispositivos IoT se instalan rápidamente y las credenciales predeterminadas, como “admin”, “1234” o combinaciones similares, permanecen activas por desconocimiento, falta de asesoría técnica o por considerar que el riesgo es mínimo. Esa situación convierte a los equipos en objetivos fáciles para accesos no autorizados. Las consecuencias de no modificar estas credenciales pueden ser graves. Entre los riesgos más comunes se encuentran el acceso remoto a cámaras de seguridad, la vigilancia no autorizada de espacios privados, la utilización de la red doméstica o empresarial para actividades ilícitas, así como el robo de información personal y financiera almacenada en otros dispositivos conectados a la misma red.
Las contraseñas deben tener entre 12 y 15 caracteres. Mi recomendación es crearlas más largas.
Las pequeñas empresas y comercios no están exentos de este riesgo. Cámaras IP, rúteres y sistemas de monitoreo se utilizan para resguardar instalaciones y bienes, especialmente en diciembre, cuando se incrementa el comercio. No obstante, la ausencia de contraseñas seguras puede facilitar intrusiones digitales que afecten la operación del negocio, la información de clientes y la confianza institucional. Las contraseñas deben tener entre 12 y 15 caracteres. Mi recomendación es crearlas más largas para mejorar la seguridad. Usar una combinación de minúsculas y mayúsculas, números y símbolos especiales. No usen palabras comunes, productos, personajes, nombres ni cualquier otro término, a menos que se usen frases de contraseña que son secuencias largas de palabras u otro texto como una frase aleatoria fácil de recordar. La modernización tecnológica mejora la calidad de vida y fortalece la seguridad. Sin embargo, esta transformación debe ir acompañada de una cultura de responsabilidad digital. En una época marcada por la solidaridad y el deseo de proteger a la familia, asegurar los dispositivos IoT es un paso fundamental para evitar que la tecnología se convierta en una puerta abierta a riesgos innecesarios.











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