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¿Por ley o por amor?

Voces desde Flacso

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Alba Cecilia Mérida
Flacso Guatemala 
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En los últimos años o quizá décadas la tendencia a banalizar los hechos sociales ha sido una constante. Uno de estos hechos es lo relacionado a los cuidados y al autocuidado. Desde el consumismo y la autoestima light se vende la idea de que las mujeres podemos con todo si nos lo proponemos, como si viviéramos en mundos aislados donde cambiar el orden patriarcal de las sociedades y las relaciones de poder desiguales fuera posible solo gracias a nuestra voluntad. 

La vida de las mujeres está supeditada a entramados políticos que las confinan a cumplir mandatos de género que sostienen el trabajo impago e invisibilizado que realizan cotidianamente, entre lo que se encuentra cuidar a personas enfermas o con discapacidad, lo que se inscribe en la economía del cuidado.

En el país existen pocas políticas 

públicas que garanticen el bienestar integral de quienes por diferentes razones enfrentan situaciones de vulnerabilidad.

Por esto, disposiciones como la emanada de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en agosto 2025, la cual reconoce la existencia de un derecho humano autónomo al cuidado, para su cumplimiento deberá recorrer un largo camino, al menos en Guatemala, por dos razones. La primera, porque en el país existen pocas políticas públicas que garanticen el bienestar integral de quienes por diferentes razones enfrentan situaciones de vulnerabilidad. Por ejemplo, los enfermos renales o las personas ancianas que son abandonadas, exponen la ausencia de institucionalidad pública que responda a sus necesidades. 

La segunda razón es porque sobre las mujeres recae el trabajo del cuidado y se considera que es su obligación de “mujer” y mientras no se cambie este estereotipo de la obligatoriedad de género, ni las instituciones públicas, ni los hombres ni otros miembros de las familias asumirán las responsabilidades que les competen en el cuidado de personas vulnerables. 

No es suficiente reconocer que tenemos derechos o que existe un derecho específico, se trata de cambiar las raíces que provocan la desigualdad y la desvalorización de lo que somos y hacemos las mujeres. Lo que no se cambia por amor, no se logra por ley. 

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