Los zompopos de mayo, conocidos como Atta cephalotes, cada año retrasan más su aparecimiento debido, según algunos expertos, al retraso en el régimen de lluvias y aumento en la temperatura global, que incluso amenazan su existencia en los países de Mesoamérica y de Sudamérica. Durante 2024, estos insectos hicieron su aparición hasta en los primeros días de junio, y en años anteriores, su presencia fue limitada. El desfase comparado con décadas pasadas, diversas fuentes lo atribuyen al cambio climático, que está modificando los procesos de la flora y la fauna.
En Guatemala, en muchos poblados, son vistos solo como un platillo propio de su época, pero en realidad más allá del gusto gastronómico –del conocido también como macash–, se trata de una especie rica en proteinas por el ácido fórmico que posee, el cual ayuda a la prevención de enfermedades neurodegenerativas. También el ciclo de vida de los zompopos contribuye a aliviar la pesada carga que produce el dióxido de Carbono (CO2) mediante la absorción de este gas de efecto invernadero, una de las causas del calentamiento.
Entre su aporte a la naturaleza, ayudan a mantener el equilibrio ecológico de los bosques y tienen una enorme capacidad de reciclar nutrientes, pues contribuyen a enriquecer los suelos con materia orgánica, haciéndolos más fértiles, además de que apoyan en la sostenibilidad de los bosques.
Sin embargo, estos extraordinarios seres enfrentan serias amenazas que, de no afrontarlas, en los próximos años solo serán una especie extinta. Entre los peligros está el uso de pesticidas, la tala inmoderada de bosques y deforestación, que se traduce en la pérdida de su habitat.











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