El corazón de San Cristóbal, Totonicapán, late de orgullo. Después de 57 años, la corona de Rab’in Ajaw volvió a posarse en el municipio, a través de Yosselin Chan Cosinero, una joven de 19 años que combina el brillo académico con la fuerza de su identidad. Estudiante de la licenciatura en Administración de Empresas, hija del Valle de la Felicidad y hablante de k’iche’ y español, ella asumió en Cobán un título que no se reduce a una corona: se trata de ser voz y rostro de los pueblos originarios.
“Mi corazón se llena de alegría y felicidad por haber obtenido este importante cargo. Sé que no se trata solo de portar una corona, sino de asumir una gran responsabilidad, ya que este título representa a las mujeres indígenas y a nuestros pueblos originarios”, dijo tras su proclamación.
Certamen que trasciende
El Festival Rab’in Ajaw nació en 1969 en Cobán, Alta Verapaz, como una celebración de la identidad maya. Aunque suele confundirse con un concurso de belleza, en realidad busca destacar el conocimiento, liderazgo y compromiso de las representantes de los pueblos indígenas. Las candidatas presentan un discurso en español y en su idioma materno, responden a preguntas y demuestran su preparación. La ganadora recibe la corona de plata adornada con plumas de quetzal, símbolo de unidad y dignidad.
El triunfo de Yosselin no fue casualidad. Desde niña se vinculó a espacios ceremoniales y de liderazgo: fue Princesita Maya, Reina Indígena de San Cristóbal y Princesa Nacional Oxlajuj B’aktun antes de llegar a Cobán. “He tenido la oportunidad de incidir en mi municipio, trabajo con niños y jóvenes, enseñándoles y promoviendo el uso del idioma materno”, contó.
La noticia transformó a San Cristóbal. Vecinos la esperaron en La Pistola, en aldea Vásquez, donde inició la bienvenida. “Había muchísima gente, incluidos niños y abuelitas que lloraban de emoción. Eso me hizo pensar que, gracias a ellos, una empieza a incidir como lideresa en diferentes aspectos”, recordó.
Una voz para el futuro
Hoy ella tiene claro su papel: “Es importante ser la voz de esas mujeres que por tanto tiempo han sido silenciadas e incentivar los derechos de los pueblos. Quiero ayudar a niños y jóvenes a recuperar la raíz de nuestra cultura a través del idioma materno”, agregó.
También ve el certamen como un espacio de encuentro: “No es una competencia, sino una oportunidad para dar a conocer la riqueza multicolor de Guatemala. La elección de Yosselin devuelve la corona a Totonicapán por novena vez y confirma el papel central de las mujeres en la preservación de la cultura maya.











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