Guillermo Monsanto
Foto: Guillermo Monsanto
El pasado sábado presencié, en un local del centro comercial La Noria, la propuesta ¿Y si nos casamos?, trabajo interpretado por Juan Diego Rodríguez y Ailín Méndez, escrito por el actor y cantante mexicano Adrián Cue en una adaptación más chapina de Rodríguez.
La interprete es actriz, cantante, bailarina, modelo y comunicadora. Su actividad sobre el escenario gira principalmente en torno a musicales como Frozen, El despertar de la primavera, La bella y la bestia, Pinocho, El rey león, Buscando a Nemo y Mary Popins. En su hoja curricular se indica que fue fundadora de Proyectarte y que es maestra escolar de arte dramático.
Juan Diego Rodríguez es un actor de teatro y cine con amplia experiencia.
Ha sido dirigido por grandes figuras nacionales y extranjeras en proyectos de gran diversidad expresiva. Su repertorio abarca tanto la tragedia como la comedia. Quizás el papel por el que más se le recuerda es por su rol de El cavernícola.
El teatrino artesanal de ¿Y si nos casamos? posee una dificultad que ambos actores superaron cómodamente.
Como director se ha apuntado varios éxitos de taquilla como Toc toc, Encuentro en el parque peligroso, Al aire y Ruptura. También, fue entrenador de actores para la película israelí 10 kilos de cocaína. Es importante subrayar que como productor es puntilloso con los detalles. Un buen ejemplo de ello son las luces y decorados local que de obra gris pasó a cubo escénico.
El teatrino artesanal de ¿Y si nos casamos? posee una dificultad que ambos actores superaron cómodamente: no es un escenario en sí mismo. Asunto que obliga a los intérpretes a prescindir de ciertos signos y magnificar el espacio con su actuación.
La imaginaria cuarta pared a penas si toma distancia con el público. Lo que le otorga a la obra un ingrediente de calidez orgánica.
La esencia cómica de la obra es un ingrediente inteligente que, como hilo conductor, orienta al espectador por una intrincada trama que narra la vida matrimonial de una pareja a lo largo de varias décadas. De allí que la trasformación de los personajes brinde un abanico de circunstancias matrimoniales muy cercanas a la realidad.
Los patrones de conducta del matrimonio, sujetos a sus roles característicos, entran en el territorio contemporáneo de lo políticamente incorrecto. Sin embrago, cada vez que la pelota cae en el perfil de lo femenino o lo masculino, el público se desternilla de risa. También, hubo quien le dijo al esposo o a la novia: “Mirate ese o esa sos vos”.
No puedo dar más spoilers porque el chiste es que vean ¿Y si nos casamos? y no que se las cuenten. Tengo entendido que hoy y mañana son las dos últimas funciones (aunque por el éxito podría haber otras presentaciones). Las productoras guatemaltecas se están reponiendo del duro golpe propinado por la pandemia. La cartelera está nutrida y la oferta es variada y ambiciosa.










