Pablo Sigüenza Ramírez
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Nunca el sentido común ha sido tan amplio y acertado como cuando se habla del agua. Las personas de cualquier estrato social, de cualquier pueblo del mundo y de cualquier cosmovisión saben, sin duda alguna, la relación directa que existe entre el agua y la vida. La experiencia humana con el agua se produce incluso en el útero materno y desde el día de nuestro nacimiento los cinco sentidos reciben la vivencia del agua, la registran en la memoria de la piel. Nos sabemos, consciente e inconscientemente, hijos del agua. De ella depende que estemos vivos.
Para algunos pueblos y culturas del mundo el agua, además, tiene un carácter sagrado. El agua es una esencia sagrada. Esa sacralidad viene del hecho de ser fuente y sostén de la vida. Posibilidad de la existencia de animales, plantas y demás seres vivos. El origen de la vida, según muchas visiones del mundo, inicia en el agua, como también lo asegura el conocimiento científico occidental.
Si el agua es tan importante, ¿por qué no es prioridad su uso razonable, su cuidado?
La vida diaria está determinada por la existencia del agua. El cultivo y la preparación de los alimentos, la limpieza de los espacios de habitación, transporte y trabajo, el consumo de agua potable, los procesos industriales. Si el agua es tan importante, ¿por qué no es prioridad su uso razonable, su cuidado? ¿Cómo crear acción colectiva en favor del agua, que es, al final, acción colectiva en favor de nosotros mismos?
En las redes sociales vemos fotografías del lago de Atitlán, de las pozas de Semuc Champey. Estampas de belleza escénica innegable. Pero son casi inexistentes las fotografías de ríos secos o contaminados, aunque el problema de la contaminación hídrica se produce en todas las regiones del país. El lago de Amatitlán con toneladas de desechos no es estampa para las redes sociales y tampoco es destino deseado para paseos idílicos. Negar la crisis hídrica nacional parece ser mejor que enfrentarla. ¿Puede la sociedad guatemalteca ser sujeto activo en la recuperación y cuidado de los pequeños y grandes cuerpos de agua? ¿Podemos hacer uso estratégico de los conocimientos diversos que existen en estos territorios para garantizarnos a todos el acceso sano y constante del agua? Volver al origen, volver al agua, volver al sentido común.











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