El Museo Nacional de Arqueología y Etnología (Munae) abre sus puertas a un viaje en el tiempo con la exposición temporal Huellas del Pasado, 94 Años de Historia, que propone adentrarse en su papel como conservadora de la memoria y del patrimonio guatemalteco.
La muestra permanece abierta al público hasta el 31 de enero, de 9:00 a 16:00 horas. El costo de ingreso es Q5 para visitantes nacionales y Q60 para extranjeros. La institución ofrece parqueo gratuito.
Fotografías, arqueología y etnología se integran para narrar la evolución del Munae, desde que se fundó hasta su consolidación como referente cultural. Cada sala conecta al visitante con las etapas del el recorrido histórico del lugar y la cultura de todo un país.
Estelas y jade
El espacio patrimonial tiene sus raíces en los esfuerzos del siglo XIX por establecer entornos de conservación cultural. Tras los terremotos de 1917 y 1918, que destruyeron el antiguo museo nacional, en 1931 renació con fuerza en la finca La Aurora, donde fue inaugurado en junio de ese año.
Hoy, con cerca de 20 mil piezas arqueológicas y alrededor de 5 mil etnológicas, el sitio resguarda la riqueza ancestral de Guatemala y la comparte con cada visitante que cruza sus puertas.
Dentro de sus colecciones se distinguen estelas mayas, vasijas cerámicas, incensarios, ornamentos de jade y obsidiana, máscaras funerarias y urnas, piezas que reflejan la grandeza cultural de los períodos Preclásico, Clásico y Postclásico de la civilización maya.
Entre los vestigios más emblemáticos sobresale la Estela 24, conocida como la Señora Seis Cielo, proveniente del sitio arqueológico Naranjo-Sa’al, en Petén, junto con la Estela 7 de Machaquilá.
También resaltan las máscaras funerarias de jade, halladas en tumbas reales como símbolo de conexión con lo divino; la cerámica policroma de Kaminaljuyú y Uaxactún, decorada con escenas mitológicas y rituales; y los incensarios de estilo Teotihuacano, que evidencian los contactos culturales con otras regiones de Mesoamérica.
El asistente puede apreciar el Trono I de la ciudad maya Yok’ib, descubierto en el sitio de Piedras Negras en 1932, así como el silbato antropomorfo de Nebaj, Quiché, una obra de cerámica que, según la página Arqueología guatemalteca, aún conserva restos de los pigmentos rojos, crema y azul con los que fue pintado en la época prehispánica.











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