Dediquemos tiempo a comprender el sacrificio, la muerte y resurrección de Jesucristo.
Esta semana es de reflexión sobre el sacrificio del Hijo del Hombre, no es una semana más o un buen período de descanso para desestresarnos de la mundanidad diaria o entregarnos al desenfreno de la inmoralidad, sino realmente de lo que pueda representar el sacrificio de Jesucristo para la humanidad, el mensaje de esperanza, de amor, porque como dice Juan: “en esto conoceremos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros”, en que prefirió la corona de espinas a la imperial del Rey de reyes, para cumplir la promesa de redención de pecados por medio del derramamiento de su sangre en la cruz. “Verdaderamente era el Hijo de Dios”, dijo el centurión que lo custodiaba cuando vio el terremoto, que las rocas se partían, que se abrían los sepulcros, pero antes fue parte de los que lo golpearon.
En las mismas circunstancias estamos, nos mostramos incrédulos al amor de Dios, o vemos el sacrificio en una perspectiva de displicencia o como una fecha en la que tenemos el privilegio de descansar y ejecutar las obras de la naturaleza pecaminosa con aparente libertad sin moral y sin ética. La muerte de Jesucristo por crucifixión va más allá de un hecho político histórico de la humanidad, es la encarnación del amor de Dios que da a su Hijo único para redención de pecados, a través del arrepentimiento en búsqueda no solamente del individuo al que da salvación, sino de una generación piadosa que comparta sus bienes con el que tiene una necesidad, una aflicción, una angustia.
¿Por qué una semana de las 52 que tiene el año? O ¿es porque la costumbre nos indica que hay que comer diferente esos días, comportarnos diferentes? Aunque no es lo que comemos, sino lo que sacamos, lo que contamina nuestra alma. La ética es nuestra forma de ser, nuestro carácter, o es que tenemos un doble fondo, en la familia somos unos y en la sociedad somos otros, con los amigos nos comportamos diferentes o como empleadores hacemos daño. Puede ser que nuestra moral siga el cauce de la costumbre y esa también tiene doble función dependiendo de dónde y con quiénes estemos, de nuestros valores. Dediquemos tiempo a comprender el sacrificio de la cruz, la muerte y resurrección de Jesucristo que nos trajo salvación, que perdonó nuestros pecados y cuando estábamos condenados a muerte eterna tomó el lugar que nos correspondía por amor.











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