Una muerte suave

Soy de los que cree que es en la noche cuando se conjuran las mejores cosas. Por ejemplo, uno piensa que esta ciudad se muere al ocultarse el sol. Al contrario, me parece que es cuando realmente cobra vida. Me encanta que las calles se tornen de un amarillo sucio por la luz de los postes. Extraños personajes emergen de las grietas de paredes cubiertas de hojas, con fragmentos de viejos anuncios que a nadie le importan, o los rostros de personas que nunca más volverán.

Por las noches me gusta ir a lugares en los que pueda perderme en el reflejo de una luz estroboscópica hasta que mis ojos revienten y mis oídos se llenen de sonidos melancólicos y potentes. Es entonces cuando dejo que sea la música mi guía. No me importaría salir con los ojos vendados y caminar sin un rumbo fijo por estas calles como lo hacen muchas almas perdidas de esta urbe. Pero claro está, eso no puede ser con cualquier banda sonora. Jamás.

Una de ellas sería la agrupación Soft Kill de Portland, Estados Unidos, que con sus vibrantes melodías guiaría mis pies hasta donde los sonidos de sus instrumentos me quieran llevar. Que sean sus influencias, como The Cure o The Chameleons, las que me tomen de la mano y caminen conmigo sobre el fuego.

Soft Kill es una de esas bandas capaces de crear atmósferas que, por alguna razón, pienso que se disfrutan mejor cuando ya no hay ningún atisbo de luz. Esas en las que ni nosotros mismos nos reconoceríamos frente a un espejo, aun sabiendo que es el reflejo de nuestra cara lo que se supone que está ahí. El sonido envolvente de la guitarra de Conrad Vollmer es hermosamente hipnótico y cautivador, junto a Tobias Sinclair, Maximillion Avalon y Owen Glendower.

El grupo atrae con una profunda capacidad de invención y creatividad, que definitivamente destila en su último disco titulado Choke. Es una obra maestra empapada de mortalidad y reflexión humana. El material es una cúspide de genialidad para la banda y, a mi criterio, para la música de este género. Entre cuerdas de guitarras afiladas y exuberantes, canciones como Feel Of The Knife generan urgencia y vitalidad, elevando todo lo que es potente y profano para el post punk. Es algo así como dejarse seducir y en ese trance soltarnos a morir suavemente, mientras un cuchillo atraviesa delicadamente nuestra garganta y nuestros ojos se cierran hasta que todo se convierte en una hermosa ausencia de luminiscencia.

Para escuchar: Whirl, Feel Of The Knife, Choke, Lost, Hit The Floor y Selfish Love.

Álvaro Sánchez