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Una historia para contar

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Hace unos años, una compañera de trabajo me dejó claro lo que pasa en nuestro país con las conductas de las personas. En mi rutina diaria venía por mi ruta, respetando todas las señales, aunque debía caminar más, o usar más tiempo y combustible, vi varios carros que por no seguir las instrucciones viraban en un lugar donde no lo debían hacer, los que sí respetábamos las señales teniamos dar una vuelta muy larga que implicaba tiempo, combustible y distancia, sin embargo, algunos lo hacíamos. La mayoría hacía una larga cola para virar en un lugar prohibido, afectando a quienes íbamos en nuestra vía correcta.

Un semáforo daba la vía, nosotros pasábamos en luz verde, pero también los que iban en el viraje incorrecto lo aprovechaban y había congestionamiento, algunos infractores abusivos, insultaban, se metían y no les importaba nada, muchos aparentaban tener formación: un vehículo último modelo, un piloto con vestuario elegante y formal, podía sugerirlo, aunque con sus actos no fuera confirmado. En el momento que el semáforo dio verde, los que llevábamos la vía, pasamos y quienes no llevaban la vía interrumpían nuestro paso. Uno de los carros que no me dejó pasar era el de la compañera que mencioné al inicio de esta columna, yo no la identifiqué, ella sí me reconoció.

Ella llegó primero al trabajo, yo debí esperar varias veces que el semáforo diera verde para pasar. Días después la historia se repetía, nos volvimos a encontrar en esa circunstancia sin yo identificar el vehículo de ella. Mis hijos la reconocieron y me preguntaron: ¿Por qué ella no da la vuelta en donde nosotros la damos todos los días? Ella se ahorra tiempo y combustible y llega antes que tú. Yo les contesté: ¿Se han dado cuenta ustedes cuántos son los que vienen detrás de nosotros?, me dijeron, son pocos. Detrás de ella son muchos, expresaron.

Yo les dije: A mí no me importa tardarme más tiempo, gastar más combustible, pero trato de cumplir con la ley, me vean o no. Eso me hace estar tranquilo, nadie me suena la bocina, me maltrata, o hace que mi paz y tranquilidad esté afectada”. Y les dije: ¿Oyen ustedes cómo les bocinan a ellos, cómo los maltratan?, ya verán más adelante, habrá policías o cámaras que los registren y les emitan una multa. ¿Qué prefieren?, les pregunté. ¿Estar en esa fila o en donde yo voy? Ellos al unísono me contestaron: ¡Donde tú vas! A partir de ahí los niños –ahora adolescentes– siempre comentan cuando alguien no sigue las señales de tránsito o va haciendo algo indebido.

La compañera meses después me dijo, que su hijo le pregunta por qué les bocinan tanto a los conductores que giran indebidamente en esa ruta. Ella ahora cambió su ruta, siguiendo la correcta.

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