Una cultura de denuncia positiva

El temor a denunciar los actos que atentan contra la naturaleza está desapareciendo en la sociedad, con lo cual se contribuye a preservar y recuperar ese patrimonio, indispensable para la vida y el futuro de las nuevas generaciones.

Lo anterior se evidencia en que el año pasado se incrementaron los señalamientos contra personas que depredan la flora y la fauna silvestre. Según las autoridades del Ministerio Público (MP), de enero a febrero de este año se recibieron 260 denuncias; en 2015 fueron mil 23, y 896 en 2014.

Los problemas de tala y comercio ilegal de árboles y animales silvestres son añejos, pero no se hacía público por temor. Sin embargo, el acercamiento de las autoridades con las comunidades y los programas de sensibilización han tenido como efecto que haya más conciencia sobre la importancia de preservar y hacer buen uso de los recursos. Se está defendiendo el hecho de que Guatemala ocupa un lugar privilegiado en el mundo por su alta concentración de diversidad biológica.

En esta tarea juegan un papel importante la Dirección de Protección a la Naturaleza, de la Policía Nacional Civil; el Consejo Nacional de Áreas Protegidas y el MP, en el tema de la prevención, sensibilización e investigación.

Los esfuerzos están encaminados a proteger, conservar y recuperar los bienes que integran el patrimonio de la nación, que hayan sido objeto de comisión de algún delito tipificado en el Código Penal y otras normas específicas relacionadas con la materia.

La Fiscalía no solo atiende las denuncias que recibe en las oficinas, pues también toma en cuenta la información que se publica en los medios de comunicación, a la cual le da seguimiento de oficio.

Esto ha sido fundamental para profundizar en las pesquisas, esclarecer los casos y lograr que las personas que cometen algún acto delictivo, además de pagar las penas aplicadas por la Ley, entreguen un resarcimiento por el daño causado, que va desde lo económico hasta tareas de reforestación para recuperar las áreas depredadas.

El hecho de que más guatemaltecos se atrevan a denunciar los atentados contra la naturaleza es buena noticia y un aliciente, porque significa que las cosas están cambiando entre la ciudadanía que, además de exigir sus derechos, está dispuesta a proteger los de la colectividad.