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Un día que se conmemora con fuerza, resiliencia y gratitud

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El Día Internacional de la Mujer, a conmemorarse el 8 de marzo (domingo), es una fecha propicia para reflexionar sobre los retos en la igualdad de género, pero también es motivo de celebración, en particular por los avances y logros alcanzados en el mundo.

No se trata de una concesión, sino el resultado de un movimiento reinvindicador de los derechos y oportunidades laborales nacido en 1908, en Nueva York, cuyo espíritu se extendió al resto del globo hasta convertirse en un movimiento indetenible que despertó conciencias y abrió mentalidades.

En Guatemala, el día también tiene especial significancia, pues responde a la lucha y resiliencia de los pueblos originarios, precolombinos, que reclaman igualdad de oportunidades y tratos equitativos y dignos sin importar procedencias ni posiciones ideológicas.

El Día Internacional de la Mujer, proclamado en 1977 por la Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas, llevaba consigo la creación de condiciones que permitieran aparejar la enseñanza, la participación política, la diversidad cultural y la libertad de expresión, pero, sobre todo, que combatieran la violencia de género, traducida en las agresiones físicas,  psicológicas y económicas comúnmente enfrentadas por las mujeres.

Aunque en esta y en la mayoría de naciones del mundo persisten abusos e injusticias, es justo reconocer los avances logrados. Por ejemplo, hoy el país cuenta con un Gabinete de Gobierno y gobernaciones departamentales equitativas, donde las mujeres son protagonistas de las políticas y programas de Estado.

En este sentido, es pertinente reconocer los avances que estos nuevos liderazgos han aportado en materia de seguridad y trabajo, así como en el Congreso y otros espacios de dirección asumidos por las mujeres que llenan las páginas 4 y 5 de esta edición.

A dos días de otra conmemoración, vale recordar que la igualdad de género es un derecho y una condición para alcanzar futuros más justos y prósperos. Es momento de refrendar la lucha por la equidad y el equilibrio de oportunidades. Es ocasión propicia para continuar construyendo una realidad en la que mujeres y niñas vivan sin miedo, ajenas a la discriminación y confiadas en alcanzar niveles de realización personal y familiar.

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