Un antejuicio de vergüenza (II)

La Constitución es una ley –la máxima ley, pero no se aplica ni se la cita en los fallos– teniéndosela como que si se tratara de un elemento extraterrestre. Pese a que la Constitución otorga el derecho de antejuicio a varios funcionarios (el antejuicio se establece como una protección del ejercicio de la función pública y no como un privilegio del funcionario, y por eso es que no se trata de un derecho al que pueda renunciarse) pese a que se le otorga a varios funcionarios, decíamos, solamente en el caso de los diputados y de los alcaldes nos dice la Constitución en qué consiste: “en que no pueden ser detenidos, ni procesados, si previamente no se declara que puedan serlo, salvo el caso de flagrante delito en que sí se puede detenerles y procesarles, sin necesidad de declaración anterior alguna”. La Constitución no dice que los funcionarios no puedan ser investigados. ¿Dónde lo dice? Lo que dice la Constitución es que no pueden ser detenidos ni procesados. ¿Cómo pretender que puedan encontrarse elementos que descarten el carácter político o espurio de un antejuicio si se presenta sin investigación alguna? ¿Aparecerían estos elementos sin ninguna investigación, por emanación espontánea? ¡Por favor! ¿Mala fe o ignorancia, abstenerse de la investigación precisa, una investigación que la Constitución no prohíbe? Desde ya, un gentil emplazamiento para que el MP-CICIG nos indiquen en qué parte de la Constitución es que se prohíbe investigar al funcionario, una prohibición que se cansarán de buscarla, puesto que la Constitución no la contiene. ¿Por qué la maña de no aplicar la Constitución en forma directa, como la ley superior que es, superior a todas las otras? Inventan CICIG-MP la prohibición de investigar, inexistente en la Constitución y –de igual forma– también inventan la palabra “aporten” en el segundo párrafo del artículo que regula el financiamiento electoral ilícito, palabra que no existe en este párrafo porque, en efecto, no establece la ley castigo alguno para quienes aportan dinero limpio; es decir, dinero que no procede de delito. Tampoco sanciona la Ley por no registrar la recepción de este dinero limpio. ¡Obvio! si no se recibe. La Constitución garantiza para los particulares (no para el funcionario que tan solo puede hacer lo que le permite) que pueden hacer lo que la Ley no prohíbe, y no existe norma alguna que prohíba y sancione la aportación de dinero limpio a una campaña electoral, aportación que en el caso concreto ni siquiera se dio a una campaña puesto que los empresarios manejaron su propio dinero para garantizar una votación correcta y un correcto conteo de los votos, apoyando –DIRECTAMENTE– a cada fiscal que habría de fiscalizar su mesa.También se plantea un antejuicio ridículo y vergonzoso contra Nineth Montenegro, tampoco investigada para plantearlo y so pretexto de que se declare con lugar “para poder investigarla”, persona que también rinde a la acusación los buscados réditos mediáticos, en tanto que los asesinatos de los dirigentes campesinos –tema de derechos humanos– siguen sin persecución alguna. Ya hubiera querido yo ver a los actuales acusadores a la hora de rajar ocote haciendo la lucha contra la impunidad que hizo Nineth para encontrar a las personas desaparecidas, acusadores actuales que nos faltan el respeto, los asesinatos de los dirigentes campesinos sin persecución alguna, relegada su investigación por los fines mediáticos que persiguen (en el mejor de los casos) pero que podrían estar sirviendo –sabiéndolo o no– tortuosos intereses políticos: sacar a la diputada del tablero político o forzarla a decisiones que no quiere. El circo de estos antejuicios debe terminar de tajo, así como el circo de la persecución penal de los empresarios por la aportación de dinero limpio a una campaña electoral y, para ajuste, ni siquiera aportada a esta sino usado directamente para asegurar con los fiscales de mesa unas correctas votaciones y un correcto conteo de los votos. El circo de perseguir penalmente a una persona, el Presidente, por no haber registrado –como recibido–, lo que nunca recibió, rechazo de los antejuicios, derogación del segundo párrafo del artículo que mal regula el uso de dinero limpio en una campaña electoral y nueva formulación de este e incluso amnistía deben contemplarse; Guatemala se desgasta en necedades en tanto que –lo que importa– no llega a atenderse. Los asesinatos permanecerán impunes si no se quita a la acusación penal su afán de conseguir réditos mediáticos a costa del abandono de persecuciones que sí importan, la de las organizaciones clandestinas que pudieran estar detrás de los asesinatos de los dirigentes campesinos, por ejemplo. ¿Criminales nuestros empresarios, la diputada y el Presidente? ¡por favor! “Primer caso de alto impacto de la fiscal general”, así cataloga el editorial del matutino Prensa Libre el antejuicio presentado, pero cabe preguntars: ¿de alto impacto para quién? ¿Para los familiares de los dirigentes campesinos que han sido asesinados? ¡Por favor! De alto impacto para Guatemala sería el esclarecimiento de esos crímenes, la desarticulación y persecución de las organizaciones clandestinas que pudieran estar detrás de estos. ¿De alto impacto el antejuicio contra Nineth Montenegro? ¿De alto impacto, para quién? Con este circo en que se ha convertido la acusación penal, en nada se alivian los problemas nacionales e, incluso, se incrementan. ¿Ningún dinero del narcotráfico en las campañas, ninguno de procedencia delictiva? ¿Carente esto de importancia? ¿Por qué no se persigue lo que debería perseguirse, y se opta por perseguir a quien no registró dinero limpio que nunca recibió y a quienes con su propio dinero, dinero limpio, apoyaron en forma directa a los delegados de mesa para asegurar la correcta celebración de las votaciones y, ¡qué crimen más terrible! el correcto conteo de los votos. No es fácil sostener en el extranjero la imagen de Guatemala como para que, además, se la empañe con estas necedades y, como que si fuera poco, necedades, tan mal comunicadas, sea por error o por malicia. Ojalá que puedan servir estas líneas para poner un poco de orden en el tema, más allá de las pasiones.

Acisclo Valladares Molina