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Un adiós con honor y dolor 

Autoridades despiden a héroes caídos en el cumplimiento del deber con homenaje póstumo

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El aire en el lugar de las honras fúnebres se sentía pesado, cargado de un silencio reverente que solo era interrumpido por el murmullo de las oraciones y el sollozo contenido de las familias. 

Guatemala se vistió de luto para despedir a 10 agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), caídos en el cumplimiento de su deber (ocho el día de los ataques y dos más ayer). 

La solemnidad del acto en el edificio de Gobernación se reflejaba en cada rostro y mirada perdida en el pabellón nacional que ingresaba a su sitial de honor, y en la postura firme de los compañeros de las unidades de la entidad que escoltaban los cortejos fúnebres.

Las familias, con el dolor grabado en sus rostros, se aferraban a los recuerdos de sus seres queridos, mientras la comunidad policial y las autoridades presentes compartían el luto, conscientes del inmenso sacrificio. 

Algunos de los agentes asesinados tenían más de 12 años de servicio en la institución, mientras otros apenas contaban con meses de ser miembros de la Policía y anhelaban servir a la ciudadanía.  La entrega de la bandera nacional a los deudos por parte del presidente Bernardo Arévalo; el titular del Interior, Marco Antonio Villeda, y el director general de la PNC, David Custodio Boteo, fue un momento de profunda emotividad, un símbolo tangible del reconocimiento y la gratitud de un país que llora a sus protectores.

Duro golpe

El ministro de Gobernación, con voz quebrada y lágrimas, expresó el sentir de la nación, al recordar a las víctimas. 

“Hoy es un día que pesa en el pecho. Nada, absolutamente nada, nos prepara para mirar de frente este dolor. Porque detrás de cada uniforme hay una familia, una mamá, un papá, hijos, hijas, hermanas y hermanos. Había vida, sueños y esperanza”, declaró. 

Boteo también se dirigió a los presentes con una voz que denotaba la profunda tristeza y la firmeza institucional. 

“Una pérdida irreparable de ocho agentes de Policía Nacional Civil, quienes entregaron su vida en el cumplimiento del deber defendiendo con valentía, disciplina y honor, la seguridad, la paz social y los derechos fundamentales del pueblo guatemalteco”, expresó, antes de conocerse la noticia de que dos uniformados más no resistieron tras ser recluidos a un centro asistencial (vea: Ofrendan su vida).

Ellos venían de distintos departamentos, tenían anhelo de servir y tenían el anhelo de construir algo mejor. Venían con la convicción de estar al frente cuando otros se escondieron. Y hoy ya no están con nosotros. Pero que esto quede claro, no se van al último, se van con honor. Se van con el respeto de la institución y se van con la gratitud de Guatemala”.

No cederán

El funcionario enfatizó que las agresiones fueron luego de recuperar los centros carcelarios, con el fin de “sembrar miedo”; sin embargo, insistió en que no cederán a los ataques y presiones. 

Asimismo, hizo un llamado a las familias y aseguró que “tienen una institución que los acompaña.

“Un país que reconoce el valor de sus seres queridos. Que el recuerdo de ellos nos haga más responsables, más fieles y más humanos. Porque ese es el legado que nos dejan. A quienes hoy honramos, les decimos gracias”.


“No nos harán retroceder”

El director de la PNC, David Boteo, enfatizó que el sacrificio de los agentes “no es en vano” y que representa “lo mejor de nuestra institución: vocación de servicio, mística policial, disciplina
profesional, valentía operativa y compromiso constitucional”. 

“Es un testimonio de lo que significa servir a la patria con lealtad absoluta, aun a costa de la propia vida. Representan lo mejor de nuestra institución”.

“Los hechos de violencia que enlutan a la nación son una manifestación clara y directa de la amenaza que representan las pandillas terroristas y organizaciones criminales. No nos harán retroceder. La Policía no negocia con el crimen. No tolera la violencia y no renuncia a la sumisión constitucional”, recalcó.

Al final, hizo una promesa de acción: “No descansaremos hasta restablecer el orden, proteger la vida y garantizar que la autoridad del Estado prevalezca sin excepción. No permitiremos que la violencia cambie el rumbo de nuestra nación”.

Algunos familiares de los elementos, entre lágrimas, indicaron que sus seres queridos eran buenas personas y buscaban servir al país cuidando a la población, y todos exigen que esto no quede impune.

Foto: Manuel Del Cid

“Duele, pero estoy orgulloso”

José Efraín Revolorio Barrera, de 25 años, era el único varón entre tres hermanas, y un pilar muy especial para su familia. Llevaba solo tres meses y 18 días de servicio. 

Desde pequeño soñaba con ser policía, aprendió mecánica, destacaba por ser educado, entusiasta y responsable, y tanto su padre como los vecinos lo admiraban mucho. 

“Mi hijo era mi único varón entre tres hembras... Dios así lo quiso, que perdiera la vida en su trabajo, defendiendo la patria, a Guatemala de estos delincuentes. Me llena de pasión saber que no murió como un criminal, sino como un héroe”, manifestó su padre, José Antonio.

Agradeció a Dios porque se “lo prestó, aunque fuera poco tiempo. Lo acepto porque así lo quiso el Señor, pero en mi corazón siempre lo recordaré como un hijo muy especial, uno que se supo desempeñar con legalidad, honor y dedicación. Duele, pero estoy orgulloso de él”.

“Él quería servir y proteger”

Samuel Valentín Matul Obispo, de 30 años, era un agente oriundo de San Francisco Zapotitlán, Suchitepéquez. Llevaba casi tres años en la institución y estaba asignado a la Comisaría 15 en la capital. Mientras realizaba sus labores junto a otra uniformada frente al Juzgado de Paz en Villa Nueva, fue emboscado y asesinado a balazos. 

En el mismo incidente perdió la vida su compañera Claudia Azucena Muñoz Ramos. 

Samuel dejó en la orfandad a un hijo de 8 años. Su progenitora, Olga Yolanda Obispo, llegó para el homenaje póstumo, visiblemente conmocionada y con el corazón destrozado por la pérdida. 

“Mi hijo entró a la Policía hace unos años porque quería servir, proteger a la gente. Nunca pensamos que algo así le iba a pasar. Solo Dios sabe por qué tuvo que suceder esto. Duele tanto verlo irse así, tan joven, dejando a su hijito sin papá. Es un vacío que no se llena nunca”.

“Siempre dio la cara por nosotros”

Sandra Dolores de Tecú, esposa de Geovani Darío Tecú Sesam, originario de Rabinal, Baja Verapaz, con el corazón roto y acompañando el féretro de su cónyuge hacia su tierra natal, expresó: “Aquí llevo a mi esposo, que se fue ese domingo en uno de esos ataques tan crueles. Llevaba 16 años en la Policía, siempre dando la cara por nosotros, por el pueblo, arriesgando todo cada día. Salen a la calle para que no haya más robos, delincuencia, para que podamos estar tranquilos; una pérdida que nos destroza. El dolor va a quedarse para siempre. Solo le pido a Dios que haga justicia”.

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