TRUMPudo

Trump capitalizó exitosamente estos antivalores y le produjeron resultados favorables hacia su triunfo.

Tal como había anotado en mi columna anterior, en política no hay nada escrito. Las pasadas elecciones en los Estados Unidos dan cuenta de ello. En una síntesis lapidaria podría decirse que Hilary Clinton ganó las encuestas de opinión y Donald Trump, la presidencia.

Los más agudos analistas de este proceso se devanan los sesos tratando de entender qué fue lo que sucedió que hizo que el candidato republicano se hiciera con la silla más importante en el mundo.  Al margen de lo que pueda pensarse y cuyos argumentos, sin duda, tendrán mucho de razón, anotaré algunas ideas que me parecen importantes.

A nivel organizacional, tanto el partido demócrata como el republicano son verdaderas máquinas electorales, con equipos profundamente especializados en perseguir el voto hasta debajo de las piedras. Por tanto, no debe menospreciarse el poder de convocatoria de los partidos políticos. Aunque el candidato se haya peleado con algunos de los líderes republicanos, la estructura estaba funcionando a cabalidad, debidamente aceitada.

El discurso de Trump, a pesar de no tener experiencia política, sí tiene un amplio recorrido en el mundo empresarial, y esa imagen de hombre exitoso encarna los más arraigados valores del sueño americano. Es por tanto, un referente a seguir por millones de ciudadanos que anhelan amasar fortuna.

El discurso simple, franco y directo, sin retórica encubierta, señalando los errores de la actual administración y las debilidades de Hilary Clinton, así como los desaciertos del sistema político norteamericano actual, sin duda, caló profundo.  A Clinton se le criticó por su actuar como secretaria de Estado y el manejo de la política exterior, además del sonado caso de los correos difundidos a través de su cuenta personal, caso en el que incluso el FBI ha iniciado una investigación.

El candidato ganador supo conectar su discurso con las actitudes de vida del norteamericano promedio: machismo exacerbado que no tolerarían que una mujer fuese su presidenta, xenofobia exorbitante, especialmente hacia los grupos inmigrantes de diferente nacionalidad, entre ellos, musulmanes y latinos, estos últimos amenazados con construirles un muro de contención en la frontera con México, autoritarismo excesivo evidenciado en la promesa de anular las políticas sociales aplicadas en la administración Obama, y un largo etcétera de antivalores que conforman la doble moral.

Trump capitalizó exitosamente estos antivalores y le produjeron resultados favorables hacia su triunfo. Los votantes, contra todo pronóstico, en forma silenciosa emitieron su voto a favor. Finalmente, el sistema de elección por cuerpos electorales, aunque se dice que es el más adecuado, pudo incidir en que finalmente se haya hecho con la silla presidencial.

En el plano internacional, el candidato triunfador tendrá que realizar enormes esfuerzos diplomáticos para cambiar la imagen gorilesca que le han producido miles de memes, sátiras y críticas que lo hacen ver como el abominable hombre de las nieves, capaz de espantar el sueño a más de un niño mal portado.


Carlos Interiano