La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, fue condenada ayer a una inhabilitación inmediata para cargo público por el desvío de fondos del Parlamento Europeo en beneficio de su partido.
La condena pone en duda el futuro político de la principal aspirante a la presidencia de Francia.
Habiendo escuchado la decisión judicial, Le Pen abandonó la sala de audiencias y el Palacio de Justicia antes de que se anunciaran todos los detalles de su pena.
La política, de 56 años, que llevó al partido heredado de su padre a las cotas más altas en las urnas y lo situó al borde del poder, ve ahora cómo su carrera puede tocar a su fin por la decisión inusual, que sus lugartenientes se apresuraron a criticar.
La inhabilitación con carácter inmediato eclipsó el resto de la pena, cuatro años de cárcel, de los que solo cumplirá dos y con arresto domiciliario y un brazalete electrónico, y 100 mil euros de multa, algo menos de lo que la Fiscalía pidió en su contra.
Ella misma, que había acudido al Palacio de Justicia para la lectura de la sentencia, lo abandonó con visible disgusto, cuando la presidenta del tribunal anunció que le impondría una pena que significaba la suspensión de su derecho a participar en la vida política.











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