Tres razones para rechazar la iniciativa

El fenómeno de las pandillas viene desde hace más de 30 años, lamentablemente se le empezó a poner atención cuando el monstruo se había vuelto grande.

La semana pasada entró en discusión el contenido de una iniciativa de ley presentada en el Congreso, la que tiene por objeto castigar con multa o prisión a las personas que sean integrantes de una mara, es decir, reformar el código existente con una figura penal que encuadre como delito el pertenecer a este tipo de grupos.

El artículo que se pretende agregar a la normativa penal queda literalmente así: “Quedan prohibidas todas aquellas pandillas criminales y delincuenciales denominadas Maras, serán sancionados con prisión de 6 a 12 años, más multa de Q50 mil”, asimismo especifica que, si la persona es cabecilla, los años de prisión aumentan de 10 a 15 años y la multa llegaría a Q250 mil.

En relación a lo anterior, quisiera pensar que las secuelas que dejan las actividades de las maras se pueden abordar al aprobar una ley, y que el asunto queda resuelto, no obstante, se trata de una propuesta que solo contempla la reacción mas no la prevención.

Existen diversas razones para pensar que esa iniciativa de ley es errónea, en lo particular quiero exponer tres de ellas. En primer lugar, no queda claro qué criterios propone la iniciativa para determinar que una persona es integrante de una mara, es decir, ¿quedamos a merced de la cárcel por estigmatización, faltando al principio de inocencia?

En segunda instancia, se perseguiría a una persona miembro de una pandilla o mara porque comete ilícitos que ya están contemplados en el Código Penal, entonces la iniciativa podría resultar repetitiva; a lo anterior agreguemos que en Guatemala no es relevante la cantidad de años que un asesino, extorsionista o secuestrador pueda pasar en prisión; mientras el sistema de justicia no sea fortalecido nada cambiará.

Por último, como lo exponía al principio, la propuesta de ley solo contempla el factor reactivo, pero no contempla el de prevención de la violencia y el delito, es decir, al problema solo le arrancamos las hojas, pero como queda la raíz esas hojas vuelven a brotar, inclusive más resistentes.

El fenómeno de las pandillas en nuestro país viene desde hace no menos de 30 años, lamentablemente se le empezó a poner atención cuando este monstruo ya se había vuelto grande; no obstante, creo que con un esfuerzo sincero y con propuestas profundas se podría coadyuvar a fortalecer la labor conjunta que, desde ya, realizan diferentes instancias del Estado para resolver este problema.

Redacción DCA