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OPINIÓN

Tres décadas de desarrollo local (y IX)

Con esta columna finalizo la serie de artículos relacionados con lo que he visto que ha pasado en el desarrollo local en los últimos 30 años, durante los cuales se ha dicho que se puede romper el estado de las cosas en el país, caracterizado por la pobreza y la desigualdad.

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Con esta columna finalizo la serie de artículos relacionados con lo que he visto que ha pasado en el desarrollo local en los últimos 30 años, durante los cuales se ha dicho que se puede romper el estado de las cosas en el país, caracterizado por la pobreza y la desigualdad.

Una conclusión, irrefutable diría yo, es que existe un abismo entre lo que establece el marco para el modelo de desarrollo del país y la forma en que supuestamente este se busca. 

Guatemala todavía no se pone de acuerdo en las acciones que harían bien a toda la población. En todo caso, es evidente que no existe un espacio plural de diálogos y concertaciones cuyos acuerdos se lleven a la práctica efectivamente.

De lo anterior deviene que no se dedique la cantidad necesaria de recursos para fortalecer las capacidades ciudadanas y de los gobiernos locales.

Así que tenemos municipalidades que, a mi parecer, en 20 años han avanzado poco en su desarrollo institucional y que todavía no pueden, en su mayoría, cumplir las  atribuciones propias establecidas en el Código Municipal. Es ilógico que se piense que son aptas para que se les descentralicen otras competencias.

Por el lado de las comunidades la situación es similar. El Sistema de Consejos de Desarrollo ha avanzado lento, y sucesos como los ocurridos el martes en Santiago Atitlán, Sololá, hacen pensar que mucha gente todavía no está dispuesta a respetar las instituciones, y reflejan lo frágil e ilegítimo que es el Estado en la provincia. Mas siempre se ha tenido la esperanza de que este mecanismo de participación sirva para construir verdaderamente un Estado, nación.

El tema merece todo nuestro esfuerzo. Muchas figuras conocidas y emergentes lo impulsan y sus discursos hacen pensar que están convencidos de que la prosperidad de Guatemala comienza en cada localidad, y que no buscan solo privilegios y prebendas, como en otros tiempos ha ocurrido. 

Hay que tomarle la palabra al presidente electo, Jimmy Morales, acerca de su pretensión de desarrollar una administración municipalista, y perseguir con convicción eso que hasta ahora ha sido nuestra utopía: una democracia incluyente y participativa que ofrezca solidariamente oportunidades de prosperidad para todos. 

Eddie Fernández
Magister en Políticas Públicas, licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista profesional, diplomado por el Tecnológico de Monterrey en Periodismo para el Desarrollo.

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ARTES

Da 5 Bloods, una película marca Spike Lee

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El cine de autor transgresor marca Spike Lee Joint siempre es emocionante de ver y regocijarse. De esa entrañable Do The Right Thing, pasando por la épica Malcom X, la feroz 25th Hour y la gran BlacKkKlansman, ahora toca celebrarlo con Da 5 Bloods, una cinta apadrinada por Netflix.  

Sin duda, Lee es la voz que más presencia y fuerza tiene en EE. UU. sobre la dignidad y el papel que el afroamericano tiene en la Gran América secuestrada por Trump, un reality que ya perdió su chiste. Controversial, sin miedo y fiel a su voz como artista y como afroamericano, el director logra cautivarnos con una película en la que nos muestra el rol que tuvieron los afroestadounidenses en la Guerra de Vietnam.

El realizador usa a cinco amigos, que se hacen llamar Bloods (Sangres), para adentrarnos en los rastros del conflicto que marcó a una generación de estadounidenses, con no menos de 58 mil muertos, y 1 millón 300 mil entre Vietnam del Norte y del Sur. Los cuatro amigos que sobreviven planean regresar por los restos de Norman, interpretado por Chadwick Boseman, quien era su líder. El otro plan es recuperar un cofre de oro que enterraron en la selva. Este oro lo entregaba el Gobierno de EE. UU. a nativos, para comprar armas, y así ayudar a su causa.

Lo que siempre encanta del cine de Spike es ver a actores secundarios que dejaron huella en sus películas, como el caso de Delroy Lindo en Malcom X e Isiah Whitlock Jr en 25th Hour; y, recientemente, Paul Walter Hauser y Jasper Pääkkönen, como integrantes del KKK. Las secuencias de intérpretes flotando en tomas y las confesiones de los personajes en primer plano son parte de la marca registrada en la filmografía del director estadounidense.

A pesar de las tragedias personales de cada protagonista, la amistad entre los Bloods es lo que más destaca en la cinta, y después de muchos años continúa intacta. Norman, el líder ausente, es quien les enseña a comportarse como afroamericanos de bien, honrados, rectos e íntegros. El personaje de Norman está inspirado en la figura de Martin Luther King Jr., cuyos valores siguen vigentes.

Luego tenemos la búsqueda del cofre de oro que, de una u otra manera, será una compensación por haber luchado por su país, ante el olvido sistemático del Gobierno a los veteranos de guerra. La empresa no será fácil, y tendrán que adentrarse en la selva espesa, donde aún existen mercenarios y minas personales que intentarán hacer más complicada la misión.

Como en cada una de sus películas, Lee hace un llamado de conciencia sobre la violación de los derechos humanos de la comunidad afroamericana, represión abanderada por el presidente de turno y ejecutada por las fuerzas policiales de casi todo el país.

Directores como Antoine Fuqua, el fallecido John Singleton y el mismo Spike son las voces más fuertes que pelean por la igualdad social y el fin del racismo en EE. UU. Da 5 Bloods es el documento cinematográfico de que la lucha continúa vigente. Muy recomendada.

Allan Martínez
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ARTES

LOS BOLETINES DE STAN

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En 1965, Marvel Comics se había consolidado como una editorial de historietas exitosa, gracias a títulos como los Fantastic Four y Spider-Man. No conforme con eso, el editor Stan Lee deseaba interactuar con los aficionados de Marvel en un tono afable e informal, compenetrando al equipo editorial y a los jóvenes lectores, convirtiéndolos en cómplices de las historias que se publicaban.

Lee retrabajó las secciones de Cartas al Editor de sus publicaciones, creando así los  Marvel Bullpen Bulletins. El bullpen del título es un término deportivo usado en el beisbol, el cual también se empleaba para aludir a espacios de oficinas sin divisiones entre los escritorios, como los que se usaban en las oficinas de editoriales de la época. La nueva sección, ahora de dos páginas, contenía cartas de los lectores, pero además incluía noticias e información de otros títulos publicados, todo siempre presentado en un tono cordial y alegre, el cual se convertiría en el estilo editorial característico de Marvel. 

Dos años después hizo su aparición Stan’s Soapbox, el púlpito desde el cual Lee se dirigía mensualmente a sus feligreses, los fieles lectores de Marvel, hablándoles con un tono más sincero y menos mercantilista que en otras partes de la revista. Inicialmente, Lee se limitaba a comentar sobre el avance de sus títulos, ocasionalmente mencionando a sus colaboradores con amistosos apodos, como Fabulous Flo Steinberg y Jovial Joe Orlando. Pero, poco a poco, el editor fue abordando temas más escabrosos, como la guerra de Vietnam y la discriminación racial. Cuando algunos lectores se quejaron del tono moralista de algunas historias, Lee contestó que “una historia sin un mensaje carece de alma”. 

En 1972, Lee se retiró de su puesto de editor en jefe y dejó los Bulletins en manos de sus sucesores, aunque siguió escribiendo su columna hasta finales de la década. En 2009 Marvel Comics y The Hero Initiative recopilaron todas las columnas escritas por Lee de 1967 a 1980 en un libro titulado Stan’s Soapbox: The Collection.

Pero no todos fueron fans de los Bulletins, empezando por algunos de los creativos de Marvel. Unos, como Jack Kirby, refunfuñaban en lo privado, aunque le seguían la corriente a Lee; pero otros, como Steve Ditko, estaban furiosamente opuestos a la ficción de una amistosa fraternidad. 

Los Bulletins fueron objeto de mofa en 1963, en una miniserie escrita por Alan Moore, que satirizó muchos de los clichés de la Era de Plata de los Cómics. En un segmento titulado el Sixty-Three Sweatshop, Moore escribe jovialmente como Affable Al, un editor tiránico que vive tomando crédito por las creaciones de otros y promocionando todo tipo de mercadería a sus lectores.

Alejandro Alonzo
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ARTES

Persiguiendo a Trane

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El jazz de los años 50, 60 y 70 es una fascinación para mí, porque hay en las composiciones una especie de locura y de escape a otro mundo; un universo musical imposible de descifrar y entender. Cada canción es una forma de perderse en uno mismo, y al terminar, lastimosamente, regresamos con total desgano a esta vida.

Por eso, es refrescante encontrarse en un disco o en un documental una figura que simbolice el escape de la realidad. Miles Davis es una leyenda que explora el sentimiento del humano y sus bestiales desgracias, que son retratadas en composiciones urbanas. Hay algo que Davis encontró en John Coltrane, y es un espíritu a punto de explotar. Cuando lo invitó a las sesiones de Kind of Blue, John aportó con su talento a la mirada de otro. Aunque Davis le soltó el espíritu creativo, Coltrane sabía que no era su visión, y prefirió aprender. 

Coltrane es, en sí, la locura. Aceptó que su música era una manera de luchar contra la violación de los derechos humanos y la segregación de los afroamericanos en EE. UU., y que, además, le serviría para perseguir a Dios de una forma frenética, febril y demente. Para cuando empezó a grabar Giant Step, entre los recesos de Kind Of Blue, su talento estaba desbocado. Coltrane sufría de muchas dudas y, cinco años antes, Thelonious Monk, ese otro genio de la locura del jazz, fue quien lo alentó a descubrirse y a tener confianza para romper con todo y todos. 

Cuando reiniciaron las grabaciones al lado de Miles, Coltrane ya no quería estar ahí. Ya sabía lo que tenía qué hacer, y así comenzó una carrera estratosférica y breve: la de un cometa que se convirtió en la más brillante estrella.

El documental Chasing Trane, que se puede ver en Netflix, es una lectura basta del hombre, sus miedos y las dudas autodestructivas, que querían aplastarle el talento y lo llevaron a las drogas. A veces no se entienden muchas cosas, ni cuáles son nuestros deberes en la Tierra y en la vida. Ese sobrecogedor pensamiento hizo que Coltrane perdiera todo antes de empezar. 

Sus primeras grabaciones eran un desastre, y solo los que rayan en la locura encontraron en Coltrane un diamante en bruto que con el paso del tiempo brillaría. Aquel feroz trompetista Dizzy Gillespie lo tuvo bajo su ala para nutrirlo, pero a John le ganaron sus demonios y, eventualmente, fue despedido de la banda de Dizzy. John se hizo una promesa y logró desintoxicarse. A partir de ahí inició su meteórico ascenso al olimpo de los dioses del jazz, algo que asumió como un llamado divino.

Chasing Trane intenta explorar la mente de John y su abstracta creatividad. Su mayor creación, el disco A Love Supreme, es el segundo mejor álbum de jazz desde Kind Of Blue, de Miles, y no es el primero por poco. Insisto, es locura, la locura del divino. Por momentos no entendemos ese frenesí pero este jazz; no puede cuestionarse, porque es un universo donde la crueldad del mundo no llega, no toca, no muerde. Habita en lo azul del cielo, flota en el sentimiento infantil y en la nobleza del espíritu. 

No se puede ser el mismo después de escuchar a John con su saxo, su clarinete o flauta. Si The Birth Of Cool, de Davis, que también puede verse en Netflix, es una lectura profunda de Miles en crecimiento, esplendor y trágica decadencia, Trane es la tragedia del astro cuya luz pasó muy rápido pero su cola iónica aún es visible. 

Hay una desventaja de morir joven, y es que al que parte pronto se le extraña mucho en los otoños más aciagos. Sin embargo, levantar la vista y admirar su rastro cósmico en el cielo provoca la sonrisa más angelical. Muy recomendado.

Allan Martínez
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Gobierno de Guatemala

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