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Covid-19, ¿escucharemos a la ciencia? (III)

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A pesar de la devastación causada durante la pandemia de 1918 y la peste negra en la Edad Media, probablemente ninguna enfermedad ha cambiado el curso de la
historia de la humanidad como la viruela, especialmente por su rol durante la conquista de América.
En México, Hernán Cortés logró, en un lapso de apenas dos años, eliminar a Moctezuma (el jefe de los aztecas), tomar la ciudad de Tenochtitlan y reclamar el imperio azteca para la corona española. El arma de Cortés fue, nada más ni nada menos, la viruela.
Este virus causa la muerte en aproximadamente 30 % de las personas infectadas, y otro 30 % pierde la vista. Aunque la enfermedad ha existido desde hace más de 12,000 años en Egipto, India, China y Europa, la población de las Américas, nunca había sido expuesta al virus ni tenían ninguna cura. Esta y otras enfermedades (como el sarampión y las paperas) tuvieron efectos similares en el resto de las Américas para las civilizaciones maya e inca, así como para los pueblos nativos norteamericanos. Pero, aparte de sus horribles efectos como arma biológica, la viruela es notable por haber dado lugar a la primera vacuna, a finales del siglo XVIII. Para 1980, la Organización Mundial de la Salud declaró este virus erradicado.
Abriendo el camino de la ciencia: La influenza de 1918, la peste negra, la viruela y otras epidemias nos han equipado con el arsenal científico que hoy nos permite combatir la COVID-19. Eso es, si estamos dispuestos a escuchar a la ciencia. Porque la lucha contra la COVID-19 no solo es una lucha contra el virus. También es una lucha de prioridades. Y es que existe un falso dilema entre la respuesta que prioriza a la salud pública y la que prioriza las necesidades económicas y sociales de la población.
Es cierto que los lineamientos científicos nos llaman a tomar medidas agresivas de prevención para combatir la enfermedad. Estas medidas pueden ser arduas y costosas. Además, la prevención en cualquier ámbito (sea frente a conflictos, desastres naturales o cambio climático) es difícil, especialmente porque involucra enemigos que parecen lejanos y abstractos. En ese contexto es tentador priorizar otros intereses más tangibles y cercanos, como la economía y los trabajos. Sin embargo, la historia nos enseña que prevención y contención son las medidas más apropiadas. Así lo ilustra también la experiencia reciente de China, Italia, España y Estados Unidos. Este es un enemigo real y palpable. Un enemigo que no distingue entre ricos y pobres. Un enemigo que no da tregua y que nos exige priorizarlo. El secreto entonces es cómo atacarlo. Además de la ciencia y la experiencia, otra ventaja que tenemos ahora, a diferencia de 1918, la Edad Media o en la época de la conquista, es el multilateralismo. El multilateralismo nos abre redes de colaboración científica alrededor del mundo para hacer frente a este tipo de fenómenos que, por su naturaleza transnacional, no respeta fronteras ni soberanías. Fenómenos transnacionales requieren de respuestas transnacionales. La Organización Mundial de la Salud y las demás agencias de las Naciones Unidas nos brindan esta red de conocimiento, colaboración y comunicación multilateral en materia de salud pública. Debemos aprovecharla. Como dice António Guterres, secretario general de la ONU, es momento de la ciencia, no del estigma. En Guatemala esto es algo crítico. Rebeca Arias, coordinadora residente del Sistema de las Naciones Unidas en Guatemala, recalcó en su último artículo que “El COVID-19 nos obliga a mirar al mundo”. Y lo que el mundo y la historia nos dicen es que las medidas tomadas en Guatemala hasta ahora, por difíciles que sean y por más que pongan a muchas personas en gran vulnerabilidad económica, son necesarias si queremos proteger la vida de los guatemaltecos. El COVID-19 se puede vencer. No va a ser fácil, pero se puede hacer. Con base en la ciencia y la colaboración.

Catalina Uribe Burcherhttps://dca.gob.gt/noticias-guatemala-diario-centro-america/wp-content/uploads/2020/04/Catalina-Uribe-Burcher-Torino-ONU.jpg
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COLUMNAS

Guatemala le apuesta a la educación forestal

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Ingeniero Rony Granados,
Gerente Inab
[email protected]

El Instituto Nacional de Bosques (Inab) en coordinación con el Ministerio de Educación (Mineduc), recientemente realizó el lanzamiento oficial de los módulos de educación forestal, para la aplicación en el Currículum Nacional Base (CNB) del nivel de Educación Primaria. Estos buscan ser una guía de referencia para el docente en diversos temas forestales, con el fin de crear la cultura forestal en los estudiantes.

Los módulos están divididos en Primer Ciclo (1º, 2º y 3º grados de Educación Primaria) y Segundo Ciclo (4º, 5º y 6º grados de Educación Primaria). Ofrecen una visión constructivista de permanente integración con el ambiente, incentivan el interés de los estudiantes por el conocimiento de su medio natural y social, así como la comprensión de los cambios ambientales, con lo que fortalecen valores ecológicos y de respeto hacia las diferentes formas de vida y su entorno físico.

Los módulos de educación forestal promueven el desarrollo sostenible de los bosques, inculcando la cultura forestal, desde la niñez, a nivel nacional.

Otro aspecto importante es que los módulos fueron elaborados con pertinencia cultural y equidad de género, ya que se basan en la concreción de la planificación curricular de los pueblos Maya, Xinca y Garífuna.

Cada módulo aborda seis temas principales; entre ellos: beneficios del bosque, reforestación, deforestación, sistemas agroforestales, bosques energéticos y actividades silviculturales y otros temas que educan en materia forestal, promoviendo la recuperación, conservación y manejo de los bosques.

Esperamos que estos módulos tengan un impacto directo en los docentes y alumnos de las escuelas gubernamentales a nivel nacional, e indirectamente en la población en general. Con esto se busca fortalecer la cultura forestal en todo el país, iniciando con una educación forestal impartida en el nivel de educación primaria, de tal manera que se promueva el desarrollo sostenible de los bosques.

Los módulos de educación forestal son producto del Convenio de Cooperación Interinstitucional entre el Mineduc y el Inab, firmado el 5 de junio de 2013, y su adenda de fecha 22 de octubre de 2018.

Así mismo, es importante mencionar que el gobierno central, en lo que va del año, ha invertido alrededor de 500 000 quetzales en los Programas de Incentivos Forestales, la principal herramienta que tenemos para la recuperación de nuestros bosques; sin embargo, es necesario que más personas se sumen para recuperar “la Tierra de Árboles de nuestros ancestros” y qué mejor que fomentar esa cultura forestal en nuestra niñez, para contar siempre con un país con más bosques, más vida.

Colaborador DCA
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Thils y la Teología de las realidades terrestres (I)

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Juan Luis Lorda
Profesor de la Facultad de Teología

Gustave Thils pertenece a la época dorada de la Universidad de
Lovaina en el siglo XX, y fue pionero y ordenador de grandes temas teológicos como el ecumenismo y el diálogo con las religiones, pero especialmente sobre las realidades temporales.

Junto con Gerard Philips, Charles Moeller y tantos de otras disciplinas (Delhaye, R. Aubert, Coppens, Onclin…), Gustave Thils (1909-2000) es, en el fondo, fruto del desvelo del cardenal Mercier en la preparación intelectual y espiritual del clero diocesano de Bruselas (Malinas) y en el resurgir intelectual y cristiano de la Universidad de Lovaina.

Thils se formó en la diócesis de Bruselas, en sus seminarios menor y mayor; y en Lovaina, donde hizo sus grados y sus tesis, doctoral (1935) y de habilitación (1937), sobre Las notas de la Iglesia en la Apologética desde la Reforma, mostrando los cambios que habían sufrido al pasar de la patrística y el Credo (una, santa, católica y apostólica) a la controversia confesional con el luteranismo. Era uno de los temas clásicos de la asignatura de apologética. Y esta materia fue la primera que enseñó cuando le pidieron ser profesor del seminario (1937-1949).

Fue pionero y ordenador de grandes temas teológicos, como el ecumenismo y el diálogo con las religiones.

También fue uno de los directores espirituales más apreciados de aquel seminario, entonces con más de doscientos candidatos. Después, pasó a profesor de Teología Fundamental en Lovaina (1947-1976). Thils se caracterizó por informarse a fondo en los temas que le tocaba enseñar o quería introducirse. No se conformaba con los manuales al uso. En cada caso, componía una historia y una panorámica temática.

Y como, sobre todo en el seminario, le tocaron varias asignaturas, hizo muy pronto un conjunto de obras muy informativas. Eso le valió ser tempranamente conocido y citado en toda el área teológica de lengua francesa. Hasta casi el final de su larga vida, mantuvo su capacidad de escribir claro y sintetizar bien. Y fue muy traducido.

Las charlas de espiritualidad del seminario se convirtieron en una síntesis de espiritualidad sacerdotal, El sacerdocio diocesano (1942-1946), después ampliadas en La santidad cristiana. Compendio de teología ascética y, más tarde, en Existencia y santidad en Jesucristo (1982). Siguen siendo inspiradoras y con una espiritualidad laical. Unos cursos de moral de virtudes en el seminario originaron el interesante ensayo Tendencias actuales de la teología moral (1940).

Las expansiones temáticas de la Apologética y Teología Fundamental (y de su tesis) le llevaron a sintetizar una celebrada Historia del movimiento ecuménico (1955). Y, uniendo todo, a unas Orientaciones actuales de la teología (1958). También le impulsó a estudiar históricamente el papel del primado en la Iglesia, en La infalibilidad pontificia (1969) y El primado pontificio (1972). Y, siempre en la línea de la Teología Fundamental, a introducirse en el mundo de las religiones, Propósitos y problemas de la teología de las religiones no cristianas (1966). Y, viéndolas venir, ¿Sincretismo o catolicidad? (1967).

Y es solo una pequeña selección de sus libros, a la que hay que añadir muchos artículos y muchísimas reseñas y recensiones. No perdía el tiempo. Pero su aportación más reconocida fue su temprana Teología de las realidades terrestres (Théologie des réalités terrestres (Desclée 1946, edición por la que citaremos). Que fue acompañada, después, por otros ensayos complementarios, como Trascendencia y encarnación (1950), y Teología y realidad social (1963).

Era original porque abordaba sistemáticamente el tema, y con sensibilidad hacia la manera de pensar de profesionales y trabajadores, que conocía porque llevaba grupos y daba cursos.

Cuando llegó el Concilio (1962-1965) y especialmente en los trabajos de Gaudium et spes, se contó con él.
Continuará…

Colaborador DCA
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Prevención del suicidio: una tarea que nos involucra (I)

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Patricio Ramírez Azócar
Director Centro de Apoyo al Desempeño Académico – Concepción

El 10 de septiembre fue el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Según datos de la OMS, casi un millón de personas pierde la vida al año por el suicidio, a pesar de que se puede prevenir.

Sin duda, es un problema muy grave de salud pública, considerando además que es una de las principales causas de muerte en jóvenes entre los 15 y 34 años.

Existe consenso internacional respecto de que la prevención del suicidio no es un tema que solo esté radicado en el personal de salud, sino que involucra a toda la comunidad. Es por ello que se hacen grandes esfuerzos por entender qué factores personales y sociales lo determinan, cómo se distribuye entre los distintos grupos de la población y cómo se pueden plantear políticas, planes y programas que permitan prevenir que más personas se quiten la vida.

Sin duda, es un problema muy grave de salud pública, considerando además que es una de las principales causas de muerte en jóvenes entre los 15 y 34 años.

Por ejemplo, una revisión sistemática de estudios sobre factores de riesgo de suicidio e intento de suicidio en pacientes psiquiátricos en América Latina y el Caribe, publicado en 2014, mostró que los principales factores de riesgo para los intentos de suicidio son la presencia de un trastorno depresivo mayor, de una disfunción familiar y que exista al menos un intento de suicidio previo, mientras que los principales factores de riesgo para el suicidio consumado fueron ser hombre y la presencia de un trastorno depresivo mayor.

En otro estudio publicado en 2021 se analizaron diversos factores sobre el suicidio en adolescentes y jóvenes de distintas regiones de Chile, entre 2000 y 2017. Los investigadores encontraron que el suicidio en jóvenes y adolescentes de Chile se mantuvo sin mayores cambios en el periodo de estudio, apareciendo los hombres entre 20 y 24 años con un mayor riesgo de suicidio que las mujeres.

En Chile, el 20.3 por ciento de las personas que se suicidan son jóvenes entre 20 y 29 años.
Continuará…

Colaborador DCA
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