Al franquear las puertas de los talleres de los escultores guatemaltecos, el aire se espesa en una blancura tangible: es el polvo de piedra, esa presencia perpetua que nunca se disipa y termina por confundirse con la piel de quienes lo habitan. En estos recintos, la belleza no es un concepto etéreo, sino una conquista arrancada a golpe de cincel. Es el territorio de la mano encallecida, que revela verdades silenciadas por el plástico y la prisa de la modernidad.
Ser escultor en esta tierra es, ante todo, un acto de resistencia y misticismo. Existe entre estos creadores un consenso silencioso, pero firme: la piedra no es solo material, sino un depósito de perpetuidad y cosmovisión que desafía la degradación de lo sintético. Sin embargo, este oficio de “rumiar ideas” para transformarlas en volumen se enfrenta a un paisaje de contrastes.
Aunque sus palmas intentan interpelar a la sociedad desde la escala monumental, tropiezan con una realidad comercial que privilegia el lienzo y diluye la profundidad del arte académico en la superficialidad de la producción en serie.La labor es, además, una coreografía de riesgo. Entre el rugido de los esmeriles y el costo prohibitivo de herramientas que a menudo deben cruzar el océano, los artistas denuncian la escasez de espacios públicos dignos. Asimismo, la escasez de centros de formación especializados en la talla directa; mientras abundan las instituciones dedicadas al modelado en barro o arcilla, el aprendizaje del trabajo en roca sigue siendo un territorio de difícil acceso.
Lamentan que piezas de valor universal terminen “amontonadas” en bulevares, cuando su destino natural debería ser parques o plazas populares, allí donde el trajín cotidiano necesita, más que nunca, un destello de inspiración que lo detenga.
Desde la herencia viva de los discípulos de Galeotti Torres hasta los nuevos exponentes que encuentran en el mármol un método de sanación, estos guardianes del relieve nacional comparten una misma urgencia: que la escultura deje de ser un objeto estático para volverse una confesión colectiva. Porque en un mundo que se deshace en lo efímero, ellos no solo tallan materia; están esculpiendo, bloque a bloque, la identidad de una nación.

Eduardo Canjura
Encuentra en la escultura el canal más auténtico para comunicar su “ser interior”. Aunque incursiona en el grabado y collage, su objeto reside en las formas tridimensionales, donde explora la complejidad del ego y la espiritualidad, pues sus creaciones se centran en la figura humana, bajo una corriente que busca reflejar las emociones, virtudes y contradicciones de la especie.
Trabaja en formatos más pequeños para adaptarlos a las necesidades de espacio y presupuesto del mercado.
Al analizar la situación del gremio identifica varios retos, entre ellos, que el mercado del arte está acaparado por la pintura. “La escultura es más costosa, requiere mayor inversión de tiempo y producción, y es más difícil movilizar”, explicó.
Según Canjura faltan espacios para emergentes, aunque aclaró que hay pocas instituciones que formen talentos.
Otro elemento que destaca es la confusión entre arte y decoración, con el argumento de que hay una línea entre la obra con discurso y la “escultura decorativa” producida en serie o copiada de plataformas digitales, la cual desvaloriza el trabajo
académico.
Es firme defensor del trabajo escultórico como elemento transformador de la sociedad. Lamenta que efigies de gran valor, como las creadas en simposios internacionales de mármol, estén “amontonadas” en bulevares donde no pueden ser apreciadas.
“En otras ciudades, los espacios están llenos de monumentos. Aquí deberíamos distribuirlos en plazas de zonas populares y parques para que la gente, en su trajín cotidiano, mire algo que la inspire”, declaró.
Perfil
Eduardo Canjura es arquitecto, ha desarrollado un modelado que combina formas monumentales con una carga simbólica.
Su serie más reconocida, Las Siete Máscaras del Ego, presentada en la Casa Ibargüen en 2025, propone un recorrido introspectivo a través de siete arquetipos: El Poderoso, El Seductor, El Guerrero, El Bufón, El Místico, El Sabio y El Mártir.



Arianka López Cetino
Hace 18 años, la escultura llegó a su vida como un reto que ella se impuso. En sus años de formación, cuando sus compañeros se inclinaban hacia el grabado, el diseño o la pintura, ella buscó lo que esas disciplinas no podían darle: el volumen, la materia que ocupa espacio, la forma que se puede rodear y tocar. Y al fondo de ese camino estaba Jorge Girón Pérez, el maestro que dio sentidi a lo que sus manos ya intuían.
Aunque al inicio trabajó el modelado y la resina, no sentía pasión por esos materiales. Su verdadera conexión venía de casa: su padre, de oficio tapicero, le enseñó desde niña el valor de la estética y el uso de herramientas manuales para la talla y el barniz. Esa “rebeldía” juvenil de no querer dedicarse a lo mismo que su progenitor fue su mayor fortaleza al elegir este arte visual dominado por hombres y demandante en el uso de maquinaria industrial.
Su carrera está marcada por el uso de la piedra y el mármol. Su proceso creativo se basa en la observación minuciosa de la biodiversidad que la rodea en su taller: semillas, bulbos, insectos y aves.
La naturaleza es femenina
El encierro por el covid le permitió conectar con los ciclos naturales de su entorno (floraciones, visitas de insectos y aves). De aquí surge su convicción de que la naturaleza es femenina, no solo por la fertilidad, sino por sus formas
orgánicas.
Su labor transita entre la memoria y la denuncia. Un ejemplo es su serie Venus atadas de Guatemala, en la cual reinterpreta las figuras paleolíticas de fertilidad para hablar sobre el sometimiento y la violencia contra la mujer durante el confinamiento.
Junto a su esposo, Esteban Solares, dirige Ciclofante, una iniciativa artística nómada que imparte talleres de dibujo, pintura y escultura en diversos departamentos de Guatemala. Su enfoque es pedagógico y personalizado, alejándose de lo comercial para centrarse en que el alumno entienda el arte como disciplina.
Una de sus posturas más firmes es su rechazo al uso de la resina. Considera que el proceso es altamente contaminante debido a los solventes, catalizadores y desechos químicos involucrados.
Perfil
Arianka López Cetino es escultora y artista visual. Se formó en la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla, donde se especializó en escultura en mármol, y más tarde obtuvo la licenciatura en Artes visuales con especialización en pintura, en la Escuela Superior de Arte. Ha participado en simposios internacionales de escultura en Guatemala y Honduras.



Mauro Yojcóm
Camina entre la precisión, arquitectura y libertad de la escultura. -su carrera lo ha llevado a Japón y en el futuro, a Italia. Pero su búsqueda va más allá de la estética, tiene que ver con la esencia del ser humano y su conexión con la Tierra.
También se prepara para una residencia artística en Venecia, Italia, programada tentativamente entre junio y septiembre de este año. La invitación tiene como fin trabajar directamente con el mármol italiano.
Entre las técnicas que domina, su favorita es la piedra: “Creo que un escultor debe experimentar todos los materiales, pero, en mi caso, me siento más a gusto con ella. Busco que las esculturas tengan cierta perpetuidad; otros componentes tienen una degradación más temprana”, señaló.
El proceso frente al mercado
Para Yojcóm, el arte es un proceso de exploración constante y diversión, similar al de un niño, pero con un trasfondo. Su producción escultórica aborda temas sociales, vacíos existenciales y cosmovisión maya, de la cual es descendiente directo.
Sobre el tiempo creativo sostiene que una obra nace en su momento justo, para desafiar las exigencias de los coleccionistas. “A veces, cuando el artista cumple con una fecha de entrega por presión, va incompleta de esencia”, dijo.
A diferencia de la pintura o el dibujo, que fueron sus primeros amores, la talla en piedra presenta barreras de entrada significativas; entre ellas, el peligro físico: el uso de esmeriles, discos diamantados y herramientas neumáticas implica un riesgo constante de accidentes graves. También el costo operativo de las herramientas profesionales tiene una vida útil corta (un año) y el de las pulidoras, de hasta Q3 mil 500 y discos de hasta US $600. Además de que muchos insumos son importados de Italia o España, pues no se encuentran en el mercado guatemalteco.
Observa un crecimiento en este lenguaje de las formas, pero cuestiona su objetividad. Existe una saturación de materiales sintéticos y resinas que a veces se inclinan más a lo decorativo que hacia lo artístico.
Uno de los mayores anhelos que tiene es el fomento de la escultura monumental porque genera un diálogo con la sociedad. “La idea es que la gente cuestione a la pieza; por qué es abstracta, por qué tiene ese ángulo, que se incentive un diálogo universal desde el contexto local”, aclaró.
Perfil
Mauro Yojcóm Acú, nació en San Pedro La Laguna, Sololá, sostiene que la energía del lago de Atitlán influye en la creatividad de los artistas. Sus colecciones reflejan sintonía metafísica con el entorno.
Entre los reconocimientos logrados está el Premio Juventud Helvetas (2007). Otros en pintura y muralismo organizados por la Sociedad Dante Alighieri y la Unión Europea (2008–2023) y la Medalla César Montenegro del Colegio de Arquitectos de Guatemala, 2024.


Luis Alejandro González
Tras dos años de ausencia en exposiciones individuales, regresa a la escena pública con una muestra en el Museo de la Universidad de San Carlos, un espacio que eligió por su mística y accesibilidad.
Concibe la escultura como un medio para dar forma tangible a las ideas. En su serie Estatuas de sal trabajó con ese mineral y resina para evocar los textos bíblicos y la densidad de las lágrimas. En Concreto y herencia, una de sus piezas más íntimas, utilizó un fragmento de concreto recuperado de la remodelación de la casa de sus padres. Sobre ese bloque talló un saco y una corbata bajo el título Algún día seré licenciado, metáfora de la educación y de las aspiraciones familiares.
Resaltó que instituciones como la Escuela Municipal de Escultura y la misma ENAP han revitalizado la formación, al permitir la aparición de nuevos talentos. Igualmente señaló que aún falta profundizar en cómo el relieve en Guatemala debe dialogar con el presente, para no quedar reducido únicamente a lo decorativo.
Del boceto a la introspección
González ha participado en diversos simposios internacionales (como en Honduras) y cuenta con obra pública en Guatemala, entre las que resalta una estatua de mármol en el Parque de la Paz, zona 21 (proyecto del Ministerio de Cultura en 2022).
Según sus palabras, a diferencia del trabajo de taller, los simposios exigen enfrentarse al material (piedra o madera) bajo presión de tiempo, lo que obliga a una resolución técnica y compositiva inmediata que se queda como patrimonio para la comunidad.
Describió su labor como un proceso de “rumiar ideas”. El boceto mantiene cuadernos llenos de dibujos que retoma cuando el material y el tiempo coinciden. A diferencia de virtuosos que delegan la ejecución, es vital tallar uno mismo, sostuvo.
Agregó que cuando la idea está clara, la ejecución técnica puede ser rápida. Sus creaciones, que han sido pensadas durante años, pueden materializarse en medio de un día de trabajo intenso una vez que el autor “entiende cómo hacerlo”.
Perfil
Es artista visual, graduado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas; su producción abarca la pintura y la escultura. Ha participado en exhibiciones colectivas e individuales en Juannio, el Museo de Arte Moderno, el Musac y otros. Por su vocación es maestro de escultura y es profesor en la Escuela Municipal de Escultura.


Byron Ramírez López
Escultor guatemalteco, discípulo de Rodolfo Galeotti Torres, con más de seis décadas de trayectoria, descubrió su vocación a los 8 años, cuando observaba desde la ventana el trabajo del escultor quetzalteco. Su madre lo llevó al taller, tras ver sus manos, el maestro lo animó a quedarse: así inició una vida dedicada al arte de esculpir.
Entre sus obras más reconocidas en la capital figuran la escultura de José Joaquín Palma en el Monumento a los Creadores del Himno Nacional, así como las efigies de David Vela y José Matías Delgado en la avenida de Las Américas. En los departamentos hay piezas emblemáticas como el apóstol Marcos, en San Marcos, y el Cristo de Lívingston, instalado en la bahía de Amatique, Izabal.
A lo largo de su carrera ha hecho más de 50 bustos y 15 esculturas monumentales, consolidándose como uno de los grandes referentes de la escultura nacional.
Perfil
Escultor y artista plástico guatemalteco reconocido por su amplia producción de monumentos y esculturas públicas que forman parte del paisaje urbano y cultural. Nació en el Jutiapa el 1 de abril de 1954 y desde temprana edad mostró interés por el arte y la escultura.
Durante más de dos décadas colaboró en talleres de distintos maestros y participó en la creación de obras públicas en Guatemala, lo que le permitió perfeccionar su técnica y adquirir experiencia en procesos de modelado y fundición escultórica.
A los 31 años fue contratado por el Cementerio Las Flores en Mixco, para fundar y dirigir los talleres de modelado y fundición artística. Durante 10 años creó la mayoría de esculturas en los jardines de ese camposanto.
Fundó su propio taller, desde donde ha producido numerosas esculturas en bronce, resina, mármol y cemento, muchas de ellas instaladas en distintos departamentos y también en el extranjero. Su obra se caracteriza por la representación de figuras históricas, religiosas y culturales, así como por su participación en proyectos de monumentos públicos.
Cierre
En un mundo que se deshace en plástico y prisa, estos guardianes del relieve devuelven la certeza de lo táctil. Ramírez, alumno de Galeotti Torres, esculpe muchas de sus obras grandes y bustos que han sido expuestos en varias avenidas y plazas departamentamentales del país.











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