Unidad de Comunicación y Relaciones Públicas
CONADI, Guatemala.
A lo largo de la historia, la poliomielitis ha representado uno de los mayores desafíos para la salud pública mundial. Durante el siglo XX, esta enfermedad marcó a millones de personas, dejando huellas de dolor, muerte y discapacidad, llegando a ser una pandemia global en los años 40 a los 60, marcando un impacto profundo en generaciones enteras.
Fue tan devastador que dio origen a una de las campañas de vacunación más amplias y solidarias de la humanidad, uniendo a gobiernos, comunidades y organizaciones bajo un mismo propósito: erradicarla.
Sin embargo, su historia no terminó allí. Miles de sobrevivientes continúan enfrentando, años o incluso décadas después, las secuelas, conocidas como síndrome pos-polio (SPP). Una condición poco visibilizada que afecta la fuerza, la movilidad y la calidad de vida.
Apostemos por una Guatemala solidaria e inclusiva, ”donde nadie quede atrás“.
El SPP suele manifestarse a partir de los 40 años, convirtiéndose en una enfermedad degenerativa que impacta la autonomía y la calidad de vida de quienes la contrajeron debido a que es causante de fatiga, dolor y nuevas limitaciones físicas que exigen atención médica, rehabilitación y apoyo psicosocial oportunos.
Reconocer esta realidad es un deber ético y social. Desde un enfoque de derechos humanos, atender las necesidades de las personas sobrevivientes de la poliomielitis implica mucho más que ofrecer asistencia médica: significa garantizar el acceso a la salud integral, la rehabilitación, la accesibilidad, la participación plena y el respeto a su dignidad. El futuro de esta historia depende de todos. Recordar el pasado, atender el presente y construir un futuro inclusivo es la mejor forma de honrar la resiliencia de quienes han vivido con esta condición y de proteger a las nuevas generaciones.
En este contexto, la reflexión sobre la poliomielitis y el síndrome pos-polio nos invita a fortalecer los esfuerzos de prevención, atención oportuna, inclusión educativa y laboral. El compromiso es claro: una sociedad justa e inclusiva no deja a nadie atrás. Honrar a quienes vivieron la poliomielitis y acompañar a quienes hoy enfrentan el síndrome post-polio es, en esencia, reafirmar nuestra humanidad.











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