Ingeniero Jonathan Campos
Director de Simplificación de Trámites
Los trámites son, en la práctica, el punto de contacto más frecuente entre el Estado y la vida cotidiana: una licencia, una beca, un registro, una autorización. La calidad de ese nexo determina la confianza pública. Cuando un trámite es lento, confuso o excesivo, no solo afecta la gestión administrativa; erosiona la legitimidad institucional.
Por eso, la primera regla es clara: antes de digitalizar hay que simplificar. Digitalizar un procedimiento ineficiente solo lo convierte en un problema electrónico. La simplificación implica revisar y eliminar requisitos innecesarios, eliminar duplicidades, reducir pasos innecesarios, clarificar competencias y establecer plazos razonables. Supone preguntarse qué información ya posee el Gobierno y no debería volver a exigir al ciudadano. Solo después de depurar el proceso tiene sentido llevarlo a plataformas digitales.
Mejorar los trámites no es un asunto tecnológico, sino estratégico.
Otro desafío estructural son las barreras invisibles, especialmente el lenguaje técnico. Muchos formularios y resoluciones están redactados con terminología jurídica o administrativa que excluye. Si el ciudadano no entiende que se le pide, el trámite deja de ser un servicio y se convierte en un obstáculo. La comunicación clara no es un detalle estético; es un principio de accesibilidad y un componente esencial de la transparencia.
También es necesario borrar mitos. La simplificación y la digitalización no buscan reemplazar al servidor público, sino redefinir su rol. Cuando se eliminan tareas repetitivas y manuales, el personal puede concentrarse en funciones de mayor valor: análisis, atención especializada, control de calidad y mejora continua. Lejos de precarizar el empleo público, la modernización lo profesionaliza y dignifica.
En síntesis, mejorar los trámites no es un asunto tecnológico, sino estratégico. Se trata de construir un Estado que dialogue con la ciudadanía a través de procesos claros, eficientes y comprensibles. Simplificar primero, digitalizar después y comunicar mejor siempre. Ese es el camino para fortalecer la relación entre Gobierno y sociedad.











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