Si bien la Semana Santa es el reflejo vivo de nuestra historia, su celebración también representa el período de mayor impacto ambiental para los litorales y centros urbanos del país.
Mientras el mundo produce más de 430 millones de toneladas de plástico al año, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advierte que solo el 9 % se recicla efectivamente. En Guatemala, donde cada habitante genera casi medio kilogramo de basura diaria, el asueto dispara estas cifras, al saturar cuencas y ecosistemas marinos con empaques de vida útil corta.
Para Sergio Izquierdo, director de Rescue the Planet, el reciclaje es un sistema insuficiente ante la inundación de envases descartables: “La industria retiene los beneficios y traslada el impacto ambiental al ciudadano. Necesitamos soluciones estructurales, no solo promesas de circularidad”.
Acciones para un verano sostenible
Algunas rutas prácticas para este descanso incluyen:
- Hidratación: priorizar el uso de pachones de acero o vidrio.
- Compras: sustituir las bolsas plásticas por opciones de tela.
- Retornabilidad: elegir envases de vidrio que regresen al comercio.
- Logística: transportar alimentos en recipientes duraderos y evitar cubiertos desechables.
Según los expertos, la preservación de los destinos turísticos y las rutas procesionales requiere una coherencia ambiental entre autoridades, empresas y ciudadanos.
Foto: Sergio Izquierdo











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