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ARTES

Sara Curruchich da voz a los pueblos indígenas en Somos

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La cantautora guatemalteca presenta mañana su primer material discográfico.

Su voz, su guitarra y sus letras sirven a Sara Curruchich para abrazar a sus seguidores en Somos. En los 13 temas que conforman su primer álbum, la cantautora maya-kaqchiquel musicaliza historias de los pueblos indígenas, la identidad, la migración, la justicia y también experiencias personales. De forma oficial, este material discográfico será presentado mañana a las 19:30, en ocasión de la Feria Internacional del Libro en Guatemala, que se celebra estos días en Fórum Majadas, de zona 11. 

El contenido

Desde muy niña, Sara Curruchich soñaba con tener un disco con canciones de su propia autoría. Su anhelo se materializa enuna placa integrada por temas que datan de finales de 2012 en adelante. En sus letras, que dan sentido a vivencias individuales y colectivas, la cantautora habla de la fuerza y la convicción de los pueblos nativos para transformar el país, así como del valor de la tierra, los abuelos y la mujer. 

En la portada del disco, Curruchich quiso mostrar el valor de la tierra para la cultura maya.

Este “bebé sonoro”, como Curruchich llama a esta producción, debe su nombre a la composición Somos en la que alza su voz por la migración y expresa su deseo de derribar muros que dividen físicamente y mentalmente. Del álbum, la cantautora destaca otras dos canciones que marcaron de forma significativa su caminar por el sendero de la creación: “Estoy aquí y Abriendo la voz me hacen sentir fuerte y convencida de ser quien soy, y de saber que estar en algún lado es mi derecho como mujer y mujer indígena”. 

Amigos con la misma visión

El disco, grabado en Francia y España, cuenta con invitados de lujo. Entre ellos la cantante española Amparo Sánchez, vocalista de Amparanoia, y Jean Michel Dercourt (Gambeat), bajista de Manu Chao, quien además ejerce como productor musical.

Para el lanzamiento de su primer material, la artista quiso rodearse de músicos que compartieran su visión colectiva y humana de la diversidad cultural que se vive en el país. Por ello, al escenario subirán el baterista Chejo Enríquez, la bajista Cristha Quijivix, el guitarrista Bardo, los marimbistas Hilda López y Daniel Díaz y los cantantes Ixmukane, Max Moreira y Alfonso Rafael.

Berta Abrego
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ARTES

Adéntrese en las Canciones que hacen bailar el camino

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Este libro profundiza en la cultura musical de los tz’utujiles de Santiago Atitlán.

Por los senderos de Santiago Atitlán, Sololá, se tejieron melodías tradicionales para las ceremonias importantes de la comunidad maya tz’utujil. Al escucharlas, la etnomusicóloga estadounidense Linda O’Brien-Rothe se adentró en su profundidad hasta descubrir el valor cultural y musical que tienen para ese pueblo. Sus hallazgos los recopiló en el libro Canciones que hacen bailar el camino, el cual se publicó en español con el apoyo de sus colegas Matthias Stöckli y Alfonso Arrivillaga, y de la Dirección General de Investigación de la Universidad de San Carlos (Usac).

El encuentro

La primera vez que Linda O’Brien-Rothe recorrió los caminos de Santiago Atitlán fue a finales de la década de los 70, como religiosa de la orden de las Hermanas Maryknoll. Una de sus primeras tareas fue recopilar las piezas que el pueblo t’zutijil escuchaba, para adaptarlas al repertorio de las misas. “El trabajo fracasó. Los lugareños no querían compartir esos temas y se cerraban a la idea de que se conociera más de lo que cantaban. Sin embargo, allí conoció las b’ix rxin b’ey o canciones del camino”, comenta el etnomusicólogo Matthias Stöckli, traductor del libro al español.

O’Brien-Rothe, la autora, mientras documentaba a la comunidad.

Resonancia tz’utujil

Al abandonar la congregación católica, en la mente de O’Brien-Rothe resonaban las melodías de los mayas tz’utujil. Entonces decidió estudiar de etnomusicología en la Universidad de California en Los Ángeles, para más tarde regresar a Sololá. De acuerdo con Stöckli, la especialista empezó a grabar y a estudiar las letras, estructuras e historias que las canciones tradicionales resguardan. 

En la misión, relata Stöckli, la investigadora contó con la colaboración de dos personas que la ayudaron a entrar en el círculo cerrado de la comunidad y que fueron quienes tradujeron las letras al español: “Es importante entender que las 20 canciones que Linda introduce se entonaban en un contexto ceremonioso. Expresan conductas sociales, su cosmogonía, la conexión con sus ancestros y la forma en que los tz’utujiles reaccionaban ante el enamoramiento, la sexualidad, la fertilidad, la vida cotidiana y la naturaleza”. 

Portada del libro publicado por la Dirección General de Investigación de la Usac en octubre.

Todas esas melodías se complementaban con danzas que buscaban provocar una reacción favorable de parte de ancestros, nahuales, espíritus y dioses. “Eran una especie de ofrendas”, asegura Stöckli. En las 300 páginas que componen este título, la autora evidencia, además, que los integrantes de la comunidad no solo tocaban música, sino que también la cantaban. 

Stöckli  afirma que la relación duradera que O’Brien-Rothe mantuvo con los intérpretes y otros personajes de Santiago Atitlán le permitió entrar en un mundo de los tz’utujiles, y preservar la esencia de una tradición que aún hoy existe, aunque ya no la misma forma, pues muchos de sus ejecutantes murieron.

Dato

Canciones que hacen bailar el camino puede adquirirse en el Centro de Información y Documentación, edificio S-11, tercer nivel, de la Usac. Costo Q100.

Berta Abrego
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Las malas semillas

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El tiempo siempre será algo confuso, al menos para mí. A veces es demasiado, otras veces no es suficiente. Ya lo dijo alguna vez W. H. Auden: “Oh, no permitas que el tiempo te engañe. No puedes conquistar el tiempo”.Sin embargo, existen genios que de alguna manera lo logran. El músico y compositor australiano Nick Cave me parece que es uno de ellos. 

Hablar de la trayectoria de Cave es hablar de 40 años de una obra que va más allá de una agudeza artística difícil de etiquetar. Aun así, encuentra la forma de reinventarse con cada trabajo. Este año Nick Cave & The Bad Seeds emerge con uno de sus álbumes más poderosos hasta el momento: una dulce y lenta meditación interminable y compleja acerca de la mortalidad y nuestro dolor como seres humanos. 

Ghosteen es el título del primer álbum que Cave escribe y graba por completo con The Bad Seeds, desde la muerte de su hijo Arthur, en 2015. En esta obra maestra, el músico canaliza su dolor y su estado de ánimo en un lento viaje que va desde empatizar con los verdaderos creyentes que lloraron a los pies de Cristo en la crucifixión, y en el que se aferra a la amistad y el amor sin importar la forma que tomen. En sus letras pierde su fe, para luego luchar desesperadamente por cualquier creencia que pueda reemplazarla entre pasajes musicales creados por sintetizadores y pianos. 

Es una obra en la que aún si se carece de un poco de sensibilidad resulta desgarradora, y extrañamente reconfortante. Es la pesadilla de Cave puesta en exhibición. No puedo dimensionar lo que significa perder a un hijo, no soy padre. Pero debo mostrar mis respetos ante Nick Cave, al quedar conmovido frente a una pieza musical hermosa y sublime, a partir de la angustia más profunda. 

Cave no sublima la tragedia en triunfo. Me parece que simplemente se asegura de saber que todos hemos pasado por nuestros propios infiernos. Esa profunda introspección es el núcleo de lo que puede ser uno de sus álbumes más conmovedores de toda su carrera.

Muchas veces creo que es normal tratar de escapar de esos calvarios. Nadie quiere sufrir. Quisiéramos que todo fuera un poco más fácil, pero creo que si fuera de esa manera nos desligaríamos por completo de lo que significa ser humano. Yo celebro nuestra capacidad de transformar el dolor en obras que al verlas o escucharlas se sienten como un abrazo fraterno. Piezas que, por muy hostil que este lugar parezca, nos recuerdan que, de alguna forma, no estamos solos. Gracias por este inmenso abrazo Nick Cave.

Para escuchar: Galleon Ship, Bright Horses y Waiting for You.

Álvaro Sánchez
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Asimov le canta a las ganas de desaparecer

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La próxima semana, la agrupación guatemalteca lanzará su álbum debut.

El deseo de escapar de la realidad y olvidar se conjuga con shoegaze, post-rock, post-punk y dream pop en Todo lo que buscamos es desaparecer. El primer material discográfico de la agrupación guatemalteca Asimov se liberará en forma de siete canciones el viernes 29 de noviembre a las 19:00 en La Erre, vía 6 2-60, zona 4. La admisión es Q60.

El encuentro

Pilar Ángel, Luz Reynoso, Luis Pablo Pérez y Leonel Campos usan voz, batería, guitarras y bajo para concretar el sonido de Asimov. A pesar de que el andar de la agrupación se inició hace cinco años, fue hasta mediados del 2018 cuando todo se alineó y los cuatro músicos por fin lograron encontrar su estilo. 

Reynoso, la baterista de la banda, cuenta que entre sus mayores influencias aparecen nombres del shoegaze, como Slowdive y My Bloody Valentine. Sin embargo, lo que realmente les ha ayudado es que cada integrante tiene referencias personales o gustos distintos. “En lugar de tratar de estandarizar, esa diversidad individual ha sido algo que hemos querido mantener”, comenta. 

La banda cautiva a oyentes de México, Estados Unidos y Guatemala.

Desaparecer 

En su disco, los Asimov tratan de sintetizar sus experiencias. El sentir de Todo lo que buscamos es desaparecer se instala en “esos deseos de querer escapar de la realidad, y de eso que nos mantiene encerrados, física y emocionalmente”, detalla Reynoso. Su lanzamiento, explica, significa cerrar el primer capítulo del grupo para darle paso a uno nuevo. 

Son siete los temas que conforman un álbum cuyo proceso de producción tomó seis meses. Entre estos se incluyen Evasión y Furtivo, que ya acumula no menos de 67 mil reproducciones en Spotify. Pérez, guitarra principal y voz, dice que esa canción habla de un período de muchos cambios: “Escuchaba II, de Usted Señálemelo, y pensaba mucho en el libro de Hael López, Rutinas / Despedidas. Eso me inspiró en el desarrollo de la letra y de la melodía vocal”.

Concepto 

Las líricas y notas que Asimov dejó en su disco debut pasean por lo “melancólico, cansado y etéreo”, y encuentran su concepto visual en lo clásico y contemporáneo. Este se basa en “espacios sagrados” dentro de casas antiguas, donde los objetos se vuelven representativos, explica Pérez.

Berta Abrego
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