Juan Everardo Chuc Xum
Experto titular Grupo de Trabajo (Dadin) OEA
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Rajawaxik qachomaj chi rij ri xuk’ulmaj ri nimalaj achi’ ub’i Jesús (necesario reflexionar sobre la vida y pasión del rey de reyes de nombre Jesús). La semana pasada se conmemoró ri Awas Q’ij (la Semana Santa) 2026 en Guatemala, aunque ahora más convertida en semana de diversión, chupe, politiquería y extorsión, especialmente del sector de hidrocarburos y del transporte público.
En mi infancia recuerdo que la Semana Santa en San Andrés Xek’ul era sinónimo de religiosidad, procesiones con olor a incienso, arcos adornados de frutas de la época y corozos; intercambios de pan y comida en familia, juegos de ceras o tipachas y representación de la vida, pasión y muerte de Jesús en vivo, con la idea de evocar y seguir su ejemplo de amor, humildad, servicio y perdón al prójimo.
El liderazgo de Jesús incomodó, por lo que tipificaron sus actos y sus enseñanzas en delito de sedición y terrorismo para justificar su crucifixión.
Los mensajes que predicaba el Mesías se hacían evidentes al posicionarse al lado de los marginados, leprosos y pobres y al encauzar sus luchas contra las desigualdades, los fariseos, los mercaderes y las injusticias del sistema religioso y político del Imperio Romano. El liderazgo de Jesús incomodó al poder de Roma, por lo que tipificaron sus actos y sus enseñanzas en delito de sedición y terrorismo para justificar su crucifixión.
Este modus vivendi de la autoridad romana de hace más de 2 mil años se retrata en el sistema político y económico actual y en la mayoría de países del mundo, como Guatemala. Véanse las muertes físicas de los seis mayas k’ich’es en Alaska, Medardo Alonso Lucero, de la comunidad ch’orti’; Ramon Choc Sacrab, de origen maya q’eqchi’; de Manuel Colom Argueta, Alberto Fuentes Mohr, Oliverio Castañeda, Everardo Jiménez Cajas y Joaquín Rodas Andrade, entre otros tantos guatemaltecos ejecutados por liderar luchas de desafíos al Estado opresor, racista e injusto. Ojalá que la Semana Santa nos deje como tarea, pero sobre todo a los tomadores de decisiones de políticas nacionales, accionar con amor, justicia y dignidad para el bien común de la pluriculturalidad.











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