Responsabilidad histórica

Espero de la juventud, lecciones a los adversarios de la democracia universitaria.

Como si nada han transcurrido 17 años de un deplorable oscurantismo estudiantil. Entre los amañamientos en el manejo de la cosa pública, está el secuestro de la Asociación de Estudiantes Universitarios “Oliverio Castañeda de León”, por parte de “estudiantes” pertenecientes a un singular EPS (Eterno Primer Semestre). Pero no es broma. La AEU, de la Universidad de San Carlos de Guatemala fue llevada a su expresión más insignificante (desde la perspectiva de las luchas y reivindicaciones sociales) durante todos estos años.

Al momento de escribir estas líneas aún no inicia el proceso comicial estudiantil previsto para el 19, 20 y 21 de agosto. Se hablan muchas conjeturas y se hacen serios señalamientos. El Consejo Superior Universitario, al parecer, ha sido un silencioso cómplice para que nada cambie en la histórica asociación estudiantil. Ha renunciado el Director del Registro, un otrora dirigente universitario que paradójicamente, en su momento, le entregó la conducción a quien hoy, por los destinos de los gorilas que nos gobernaban, lleva su nombre la AEU, vilmente asesinado allá en el lejano 20 de octubre de 1978.

En términos generales por la vía de las redes sociales, externan diferentes manifestaciones de preocupación por entorpecer el proceso de reivindicación estudiantil. Este busca provocar en los jóvenes actuales la asunción de su responsabilidad histórica. La importancia de ese evento radica en la participación cívica de la juventud estudiosa de la comunidad universitaria más grande de Centro América. Es la tercera universidad fundada en este continente y en la única de América que tiene iniciativa de ley para plantear la solución a la problemática nacional.

Y aquí radica el desafío histórico de la Asociación de Estudiantes Universitarios. Ser parte activa en la formulación de propuestas para superar las condiciones prevalecientes en materia de exclusiones, limitación de oportunidades de desarrollo, superación de los índices de desnutrición, insalubridad, injusticias sociales y otros tantos males que aquejan a la población desvalida. Las mayorías pues. Estas líneas verán la contemplación de los apreciables lectores el último día del evento. Mi mayor deseo es que al momento de su aparición, los comicios se realicen sin los fantasmas de aquellos que han abusado de la autonomía universitaria, para entronizar negocios ilícitos u otras prácticas totalmente alejadas de la razón de ser del Movimiento Estudiantil Universitario. También espero que, al momento de su conclusión, la participación sea lo suficientemente masiva como para dar vigorosas lecciones a los adversarios de la democracia, atrincherados en las aulas y pasillos universitarios. Ojalá y así quede escrito para la Historia.

Walter del Cid