Pese a que murió hace 40 años, de un infarto agudo de miocardio, la figura de Mao Zedong, máximo dirigente de la República Popular China y del Partido Comunista (PCC) de ese país, sigue apareciendo por todas partes, desde los billetes hasta su enorme retrato en la plaza Tiananmen, de Pekín.
“Él es el Lenin y el Stalin de esa formación política, ya que, como el primero, llevó a su agrupación al poder, y como el segundo, cometió crímenes contra la humanidad”, declaró Frank Dikötter, especialista del período maoísta de la Universidad de Hong Kong.
El fallecido fue hijo de un agricultor acomodado, y aspiraba a transformar a la nación asiática en un paraíso socialista, un sueño por el que no cedió en lo más mínimo. Fue cofundador del PCC en 1921. Llegó al poder 28 años después, tras haber luchado contra los japoneses y haber vencido al Ejército gubernamental chino.
El 1 de octubre de 1949, proclamó la instauración de la República Popular frente a la plaza de Tiananmen, pero los abusos no tardaron en llegar. Obsesionado por perseguir a los contrarrevolucionarios, el líder ordenó múltiples purgas.
Historia
A finales de 1950, su campaña económica de objetivos, denominada Gran salto adelante, acabó con la agricultura y causó una hambruna que costó la vida de no menos de 70 millones de habitantes, según los más exagerados, y los más conservadores, sitúan la cifra en 10 millones. Durante la década anterior a su muerte, lanzó la Revolución Cultural (1966-1976).
“Lo más importante son sus logros. Luego vienen sus desaciertos”, concluyó el partido en aquel momento, una postura que no ha cambiado verdaderamente, a pesar de las reformas emprendidas por su sucesor, Deng Xiaoping, que transformaron a China de manera profunda, explicó Dikötter.
El actual presidente chino, Xi Jinping, el dirigente más poderoso desde el antiguo gran timonel, denuncia tanto el nihilismo histórico, como el neoliberalismo, y apuntando tanto a los idólatras como a los detractores del período maoísta.
“Se constata una amnesia, suscitada por el poder, del balance real de Mao”, dijo Fei-Ling Wang, especialista de China en el Instituto Tecnológico de Georgia.
“Los ciudadanos, los artistas y los militantes deben navegar constantemente entre las fronteras difusas de lo que es políticamente aceptable”, estimó Jessica Chen Weiss, especialista en política china de la Universidad Cornell de Nueva York. Sin embargo, la herencia de Mao sigue siendo muy subjetiva, destacó Jeff Wasserstrom, historiador y autor de una obra sobre la China moderna, pues un desempleado idealizará al dirigente pero las víctimas de la Revolución Cultural lo considerarán como un personaje senil, culpable de malas decisiones, que sumió a la nación en el caos.
Algunos habitantes conservan una sincera veneración por Mao, como un semidios, explicó Li Yaxing, profesora en la Universidad de Xiangtan, en la ciudad natal del exdirigente, y añadió: “Nadie es perfecto. La Revolución Cultural fue un error cometido en el camino hacia el socialismo”.
Punto de vista
“Todos los miembros del Partido tienen interés en que no se haga un análisis real de la historia”, señaló Dikötter, quien concluyó: “A todos les conviene que el retrato de Mao siga colgado en Tiananmen”.











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