Lo ocurrido ayer en Nebaj, Quiché, tiene una trascendencia histórica que no pasa por cuestiones ideológicas, aunque algunos querrán verlo así. Pero son los menos, quienes no toleran los cambios y se oponen a corregir el pasado. Son quienes evitan a toda costa empezar de cero y consolidar la democracia sobre la base de la verdad y la conciencia.
Después de 42 años, la comunidad Acul recuperó la propiedad de su tierra, que le fue arrebatada durante el conflicto armado interno. Luego de cuatro décadas de lucha, este pueblo ixil no solo vuelve a tener certeza jurídica, sino que reivindica un derecho que le fue hurtado en 1983.
Aquellos eran otros tiempos, cuando prevalecieron los abusos y se irrespetaron derechos fundamentales como el de la vida y la libertad de actuar y pensar. Hoy, Guatemala avanza, pero no olvida. El país se reconstruye sobre bases más sólidas, justas y dignas.
La decisión del comandante general del Ejército, de regresar a sus dueños una tierra que había sido despojada por las fuerzas armadas, dice mucho de la calidad de quienes dirigen el Ministerio de la Defensa e impulsan su modernización. Advierte de la nueva mentalidad que gobierna y de su intención de reconstruir el tejido social.
Más que una muestra o un gesto, estamos frente a una política de Estado que busca sanar heridas y resarcir a las víctimas. Ahora nos encontramos con una administración que piensa en todos, aunque prioriza a las clases más desposeídas. A los olvidados de los programas y obras.
Desde el 14 de enero de 2024, los más vulnerables reciben trato especial. Los fondos públicos se destinan a ellos, como debe ser, aunque nunca había ocurrido. Así las cosas, niños y jóvenes reciben una educación oficial digna, con libros, alimentos y seguro desde el primer día de clases.
Los guatemaltecos de más escasos recursos llegan a hospitales y centros de salud abastecidos de medicamentos, equipo e insumos. Ya no compran los fármacos ni pagan exámenes. El país se transforma, reinventa y reconcilia. Define su futuro libre de ideologías y venganzas y, poco a poco, se libera de una dictadura judicial que se aferra a un pasado cuya pobreza moral enriqueció a unos pocos a costa de la mayoría.











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